Por qué hay que aprender a parar



Estar sin hacer nada específico no es lo mismo que perder el tiempo. Por el contrario, esos momentos son la mejor y más rica fuente de significado y creatividad.

En una sociedad que vive acelerada, corriendo permanentemente de un lado hacia otro y con miles de actividades y responsabilidades, es necesario aprender a parar. Ese período de inactividad está muy lejos de ser una pérdida de tiempo y nada tiene que ver con convertirse en un haragán.

Parar es hacer nada, tanto como se pueda durante un período de tiempo indefinido, y el propósito es despertar y recordar quién es uno en realidad. Entonces, ¿qué se hace en esos momentos de ocio?

Laura Szmuch, coach ontológico y entrenadora de Programación Neurolingüística (PNL), lo resume en una sola palabra: nada. “Simplemente se es, se respira, se camina, se da vueltas, se mira por la ventana, se observa, se sueña, se descansa, se toma un vaso de agua, se sonríe, se elonga. La lista no tiene límites”, amplía la especialista en psicología cognitiva y aprendizaje.

En la vida moderna, con tantas exigencias y cambios constantes, los momentos de silencio, para detenerse, ya casi no existen. Sin embargo, Szmuch insiste en que ese espacio es la mejor y más rica fuente de significado y creatividad.

“Durante esos instantes, horas y días, nos volvemos conscientes de lo que está sucediendo y recordamos lo que necesitamos para seguir nuestro viaje. Sin tiempo para detenernos, nuestras almas se duermen, se distraen, y nos olvidamos de lo que es importante para nosotros”, remarca.

Cómo se hace

La idea de parar es muy simple de entender. Hacer nada no es un concepto difícil. El gran desafío es cambiar cosas en la rutina diaria para incluir este tipo de tiempo. Frenar permite dedicarse tiempo y cuidado y aumenta la eficacia.

“El parar va a hacer de tu vida, tu vida. En realidad es anticultural, revolucionario o radical. También puede parecer naif, o tonto. Hasta que te decidís a parar y te das cuenta que los beneficios son muchos. Es simple, es fácil y muy disfrutable”, subraya la coach.

Cuando se da ese gran paso y se experimenta esta manera de ser que conecta a cada uno con su esencia, ahí recién las personas comienzan a fluir. “No es un concepto intelectual. No es un esfuerzo. Es, simplemente, hacerlo. Y fluimos cuando nos animamos, cuando nos reímos, cuando tomamos la decisión de ser felices”, aclara la especialista.

Es necesario descansar, por lo menos un día a la semana. El arte de parar y oxigenarse es algo que muy pocos saben ejercitar realmente. Descansar significa descansar, no adelantar trabajos. Es soltar, dejar que la mente afloje, y que el cuerpo se suelte.

El cambiar de ambiente, salir a caminar, hacer algo completamente diferente a lo rutinario, o simplemente tomar una buena siesta ayudan muchísimo.

Aprender a soltar

Todas las personas son capaces de cambiar algunas cosas. Sin embargo, es esencial darse cuenta de que lo primero que hay que modificar es la manera en cómo se relaciona cada uno con la realidad.

“Muchas veces, nuestras mentes están demasiado llenas de palabras, de obligaciones, de situaciones negativas imaginarias. Están tan atiborradas de material de descarte, que no nos damos tiempo ni lugar para detenernos unos instantes para conectarnos con otros, con el sonido del aire, el canto de los pájaros, las imágenes que la naturaleza nos ofrece minuto a minuto”, remarca Szmuch.

Cómo vivir en armonía

» Cuando se vive en armonía, hay más tiempo para hacer lo que se quiere, se tiene más energía y vitalidad y uno se libera de las cosas que debilitan.

» El cambio empieza por uno mismo.

» Practicar la paz resolviendo los conflictos internos y externos.

» Ser consciente de las decisiones.

» Cultivar el entendimiento, el amor y la compasión.

» Llevar una vida más simple.

» Hacer lugar soltando y dejando ir lo que ya no es congruente con esta nueva forma de vida.

» Una vida saludable y armoniosa es posible y depende de cada uno.

» Vivir en armonía es algo que se cultiva, se nutre, se modela, se aprende.