La obsesión de Matías Kulfas, actual Ministro de Desarrollo Productivo, desde que el Gobierno tomó la decisión de suspender un mes la exportación de carne, es la de evitar las comparaciones con Guillermo Moreno, que con su cierre exportador de 2006 trajo el resultado desastroso de una pérdida de 12 millones de cabezas de vacunos, una suba de precios y una caída del consumo a un mínimo histórico.

Es por eso que intenta enviar señales tranquilizadoras al mercado. Pero, al mismo tiempo, tiene la presión política de dar respuesta al “hagan algo” que se escuchaba en los sectores más radicalizados de la coalición del Gobierno.

Es un difícil equilibrio político que el ministro piensa que va a solucionar con la presentación de su Plan Ganadero que fue realizada el martes pasado.

Por un lado, es una concesión parcial a los productores y frigoríficos, a quienes les permitirá la reapertura de un 65% de las exportaciones. Y, al mismo tiempo, un “packaging” de marketing político para que no quede una sensación de que se dio una marcha atrás, como ocurrió antes con temas como Vicentin y el cierre exportador de maíz.

La fórmula que encontró Kulfas es prometer un plan ganadero en el cual se conseguirán al mismo tiempo varios objetivos aparentemente contradictorios: aumentar la cantidad de carne que va al mercado interno, aumentar la exportación y bajar los precios del consumo doméstico.

Sin embargo, en la vereda de enfrente hay señales de escepticismo: creen que el ministro corre el riesgo de que le ocurra todo lo opuesto: tener menos dólares por exportación, fomentar la caída del stock vacuno y no evitar la suba de precios.

“El objetivo principal es ordenar al sector y producir más, porque la salida virtuosa es que Argentina supere esa barrera histórica de tres millones de toneladas al año y que hace décadas argentina no logra mejorar”, dijo el ministro al adelantar una salida al conflicto con el sector cárnico.

Carne de exportacion Ignacio Blanco | Los Andes

Para lograr todo esto, el ministro presentó un programa cuyo ambicioso objetivo será llevar la producción hasta un nivel de cinco millones de toneladas al año. Es decir, un incremento de 50% en la producción. Y para ello tomó algunas de las reivindicaciones del sector, tales como el aliciente a la venta de animales más pesados, de forma tal que, mandando a faena a menos animales, se incremente la producción.

Para ello, el ministro pensó en incentivos impositivos para la cría y el engorde de animales, así como nuevas líneas crediticias a tasa preferencial. En la teoría, el plan podría funcionar, pero tiene un problema: abundan las señales políticas que hacen descreer de las bondades del plan.

Para empezar, porque hay presión interna del Gobierno para que se incrementen las retenciones a la exportación de carne, actualmente en 9% y que podría llegar hasta un 15%.

Pero, sobre todo, porque la promesa de la baja de precio en el mercado doméstico quedó puesta seriamente en duda: informes privados indican que en mayo la carne subió un 6,1%, y el informe de inflación del Indec reconoció que el rubro cárnico fue uno de los que más contribuyeron a la suba de 3,1% en la canasta alimenticia.

El único precio que cayó fuerte -más de un 20%- fue el de la llamada “vaca de descarte”, el animal que ya no puede parir y que el productor envía a faena. No suele consumirse en el mercado local y su destino principal es el mercado chino.

En definitiva, el cierre exportador, hasta ahora, logró los resultados absolutamente opuestos a los buscados. Consignatarios de hacienda llegaron al extremo de afirmar que la pérdida de precio en los animales de exportación a China lleva a que sea conveniente dejarlos morir en el campo, porque cuesta más caro el flete que lo que se obtiene por su venta.

Vaca de campo

En otras palabras, la peor combinación posible: menos dinero para el productor, ningún beneficio para el consumidor argentino y una pérdida de divisas por exportaciones que algunos empresarios ya estiman en u$s500 millones sobre los u$s3.000 millones que estaban previsto para este año.

Se entiende la urgencia de Kulfas por llegar a un acuerdo y retomar la exportación: los expertos del área indican que el principal error del Gobierno fue no entender que los animales que se exportan no son del mismo tipo de los que se consumen en el mercado argentino: mientras se embarcan vacas de 450 kilos (animales con mucha grasa diferente), en las carnicerías se venden terneros engordados de 320 kilos.

El dato hizo recordar la protesta de empresarios del sector, en el sentido de que el cierre exportador tenía un sentido más político que técnico. Fundaban esta afirmación en el hecho de que no habían recibido quejas de funcionarios después de la reunión de febrero, en la cual los productores plantearon que su incidencia en el precio final de la carne en góndola es acotada -no más de 23%- y que para realmente abaratar la carne era necesario revisar los impuestos de toda la cadena comercial.

Desde la Cámara de la Industria y Comercio de la Carne, se lanzó una advertencia sobre la posible pérdida de 8.000 puestos de trabajo en frigoríficos exportadores. El presidente de la entidad, Miguel Schiaritti, alertó además que, por más que se llegue a un acuerdo que pueda ser aceptable para los frigoríficos, “los más perjudicados en la cadena de la carne serán los criadores”.

Las razones del escepticismo están radicadas en el principal temor sobre el nuevo plan ganadero: si efectivamente logrará un incentivo a la cría o si, como muchos temen, acentuará la pérdida de stock vacuno que viene sufriendo el país.

Aunque los datos oficiales sobre el tema llevan tres meses de retraso, hay indicios para suponer que se perdió en 2020 más de un millón de cabezas de ganado. Uno de esos indicios es la vacunación antiaftosa, donde los registros marcan una disminución de 2% anual, con lo que la nómina a fin de año pasado marca 52 millones de animales.

Pero lo peor es que las perspectivas son de un empeoramiento. El último informe de CREA marca una fuerte tendencia a la desinversión, principalmente como consecuencia de las señales políticas. José Lizzi, líder de la Comisión de Ganadería durante el primer Outlook Ganadero CREA del año 2021, fue contundente al respecto: “Lamentablemente, las señales presentes van a promover una desinversión en el sector ganadero, que en el mediano plazo tenderá a producir una menor cantidad de animales que, además, tardarán una mayor cantidad de tiempo en terminarse”.

Seguramente esto no tiene por qué terminar bien.