Mariana Piazza trabaja como docente de educación especial en Buenos Aires y relata los desafíos que trajo dar clases a distancia por la cuarentena.


El coronavirus y la cuarentena pulverizaron todo lo que conocíamos como vida cotidiana. Adultos y chicos en casa, sin posibilidad de asistir a la escuela, forzó a los docentes y a las familias a trabajar en conjunto para que no se no pierda el año escolar. Mariana Piazza nació en Azul, es docente especial en la ciudad de Buenos Aires y relata los desafíos de su profesión en medio del aislamiento por el COVID-19.

“Siento que esta pandemia cambió completamente mi forma de trabajar y eso me generó cambios en mi estado de animo. Por momentos me encontré en un estado de ansiedad terrible porque había que comprender la situación y actuar rápidamnete para poder reorganizarnos, y rearmar la escuela”, cuenta Mariana en diálogo con Vía Azul.

La docente revela que el primer objetivo que se plantearon en su trabajo fue “establecer lazos con los alumnos y sus familias, y empezar a buscar la manera de hacer escuela sin escuela, atendiendo las individualidades de cada niño, de cada familia”.

Gracias y un saludo,
Antonio

El objetivo no fue nada fácil, y obligó a los maestros a pensar y repensar cada acción que planteaban a cada familia, pero la recompensa fue grande: “Reforzamos el vínculo que veníamos construyendo como comunidad educativa, y tejer puentes con las familias que nos permitieran acercarnos mucho mas. Esta es una de las cosas que rescato de esta situación”.

La escuela virtual o a distancia es desafiante, y en el caso de la educación especial aún más. “La metodología de enseñanza que tiene la educacion especial es ver niño por niño, por eso tuvimos que pensar y repensar ante esta nueva situación en la que no hay un adulto presente, ya que quizás lo papas estaban trabajando y no había un adulto para acompañar a nuestro alumno. Eso hacia repensar cada actividad y que los chicos pudieran en esta situación evadir por un momento la realidad que estábamos viviendo, y poder aprender algo nuevo o reforzar lo que ya se venia trabajando”, cuenta orgullosa la azuleña.

A pesa de las dificultades, Mariana se volvió más resiliente y reafirmó lo que creía sobre la importancia de la docencia: “En este transcurso perdí a mi abuelo y las emociones estaban a flor de piel por lo que toda esa situación se volvió aun mas intensa, pero sin duda que todo esto me trajo muchos tesoros que va a ser importante que los guarde para seguir implementándolos. Y también me hizo pensar que esta situación me lleva a reafirmar el valor de la escuela como lugar de encuentro con otros, que ayuda a los alumnos a repensarse y a reorganizar las representaciones para construir otros sentidos que no otorga otro lugar que no sea la escuela”.




Comentarios