Culpabilizar por este proceso de crisis estructural y falta de reacción política al riesgo electoral puede servir sólo para calmar a los votantes de Cambiemos.


El economista Hyman Minsky usó el nombre de un famoso estafador –Carlo Ponzi- para definir situaciones donde la única forma de pagar una deuda es contrayendo otra nueva que cubra capital e intereses. Argentina tiene problemas estructurales para generar divisas propias que puedan ser utilizadas para el normal funcionamiento de su economía. La gran tentación de solucionar esa restricción es acudir al endeudamiento externo.

Así, el actual gobierno formalizó un experimento económico que se basó en resolver el financiamiento de la economía a través del ingreso de capitales especulativos y de inversión. Los segundos nunca se hicieron presente, pero los especulativos llegaron a raudales para financiar tanto los déficits de cuenta corriente como los déficits domésticos.

El esquema funciona hasta que los stocks de deuda son tan altos y el repago por divisas legítimas (exportaciones) tan bajo, que se incrementa el riesgo de no pago, llegando a una situación de fragilidad financiera típicamente “a lo Ponzi” porque ya no puede ser resuelta con nuevas y crecientes colocaciones voluntarias de deuda. Esto fue lo que pasó en enero de 2018, se cortaron las nuevas colocaciones voluntarias de deuda.

Mauricio Macri (Foto: EFE/Mariscal)

De allí en más la historia es bien conocida: la llegada del FMI y con él un duro programa de ajuste fiscal que debía resolver, vía recesión interna, la crisis de balanza de pagos y liberar las divisas necesarias para pagar tanto la deuda con el FMI como el resto de los compromisos externos. Lo que hoy estamos viviendo son las consecuencias de un irresponsable endeudamiento externo que no pudo ser resuelto ni con los dólares ni con el programa del FMI, y que llevó a una crisis social muy aguda (cumplimos un año de caída de la economía) que se está convirtiendo en una crisis política al interior de la Alianza gobernante.

La corrida que vivimos estos días no es otra cosa que la continuidad de la corrida que comenzó hace un año y que hoy se agrava porque el gobierno no tiene reacción alguna y cuando intentó alguna medida, “el mercado” se la llevó puesta, como el congelamiento de precios que al final era un acuerdo de caballeros y que hoy –después del aumento del dólar y otros costos de la economía- no se sabe si entrará en vigencia.

Culpabilizar por este proceso de crisis estructural y falta de reacción política del gobierno, al riesgo electoral, puede servir para calmar a los votantes más leales de Cambiemos, pero los mercados son menos sensibles a lealtades ideológicas y más apegados a seguir fortaleciendo sus ganancias de corto plazo. Por eso se desprenden de acciones y títulos argentinos, generando un clima (dólar en alza, riesgo país por las nubes, más inflación y más desempleo) que impacta negativamente sobre las posibilidades de que el gobierno pueda ganar las próximas elecciones.

Por Alejandro Robba, coordinador de la Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Moreno.





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