Rosenkrantz fue autocrítico del sistema judicial del país y su discurso aseguró que tiene una "crisis de legitimidad". 


La acogida favorable que afuera del Palacio de Tribunales pudo haber tenido el discurso inaugural del año judicial del presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, contrastó con la suerte diametralmente distinta que tuvo en la mayoría del resto de los despachos del cuarto piso donde funciona el máximo tribunal.

Ante los otros cuatro integrantes de la Corte y apenas tres de los doce jueces federales porteños de Comodoro Py, Rosenkrantz, en su primera inauguración de un año judicial, ensayó el martes pasado una suerte de autocrítica sobre la situación de la administración de justicia en el país: puso el eje en la “crisis de legitimidad” del Poder Judicial por la pérdida de “credibilidad y confianza”.

Sin embargo, el tono autocrítico resultó más que insuficiente para silenciar las críticas de “la mayoría peronista”, como desde el Gobierno nacional se ha dado en llamar a la tríada que integran Juan Carlos Maqueda, Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti, a la que últimamente se suma Elena Highton de Nolasco.

El malestar creado por el discurso de Rosenkrantz desató hasta bromas y alguna ironía que pudieron escucharse en el cuarto piso, según dijeron a este diario fuentes judiciales. “Nacieron los mellizos Rosenkrantz”, fue la humorada que circuló la misma tarde del martes. Mientras que ayer otra de las fuentes reprobó el hecho de que “habló como si fuera el rector de la Universidad de San Andrés (cargo que ocupó hasta su postulación por el gobierno de Mauricio Macri)”, no como la cabeza de uno de los poderes del Estado.

“El Rosenkrantz del discurso no es el Rosenkrantz que va a los acuerdos de ministros”, bromeó una fuente respecto del voto del titular de la Corte, habitualmente en línea con el Gobierno de Cambiemos. “A partir del martes parecen haber nacido los mellizos Rosenkrantz”, terminó por explicar la humorada.

Otra fuente sostuvo: “La opinión mayoritaria es que si sos la máxima autoridad de uno de los poderes del Estado, no podes decir eso. Esas cosas se hablan internamente, se toman las medidas que corresponden y se hace lo que hay que hacer. Y en el mejor de los casos, decís que estás trabajando para mejorar el perfil de la justicia ante la gente. Pero no te podés poner en juez cuando sos parte”.

El rechazo tuvo que ver tanto con las formas como con el contenido. Respecto de lo primero, porque ninguno de los otros cuatro ministros supo antes del contenido del discurso, pero que sí había sido anticipado a un medio gráfico, como comprobaron luego con desagrado cuando lo vieron publicado en la web cinco minutos antes de que finalizara. “Cayó como un balde de agua fría. Y no es que Lorenzetti lo anticipara, pero sí comentaba por dónde irían sus discursos”.

Por el lado del contenido, la crítica central que pudo escucharse fue por el lado de lo que faltó en el discurso respecto de la independencia del Poder Judicial. La referencia tiene que ver con que el Gobierno reacciona con el pedido de juicio político cuando un juez resuelve algo que le disgusta: desde el caso actual del juez federal Alejo Ramos Padilla hasta los que en estos tres años tuvieron fallos laborales y sobre “motochorros”.

También las críticas apuntaron a los anuncios que hizo Ronsenkrantz. Recordaron que la digitalización fue un anuncio que había hecho Lorenzetti el 8 de marzo del año pasado, sin que se haya avanzado; la agenda de temas, mecanismo que empezó a adoptarse en noviembre pasado, siempre lo tuvo a Rosenkrantz como opositor; y el manual de compras del Poder Judicial todavía está en veremos.

A diferencia de esa evaluación, el ministro de Justicia, Germán Garavano, elogió el discurso. “Fue el diagnóstico más acertado que he visto en mucho tiempo en términos de la situación judicial. El gran valor de la Justicia es resolver los conflictos, pero hoy la gente no le cree a esa Justicia y entonces los conflictos no se resuelven. Es la primera vez que escucho a la Corte hacer una autocrítica tan severa y tan profunda”, dijo a una radio.






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