Luego del llamado #metoo argentino, la noche en la costa se perfila de una manera diferente.


Hace algunos veranos las cosas eran diferentes en los boliches de la costa argentina. En un lugar atestado y con música a todo volumen, eran moneda corriente los manoseos, el “agarre” de un varón hacia una chica, y los besos dados sin consultar. Ahora, según reconocen la mayoría de los jóvenes y no tanto en una franja que va desde la adolescencia hasta los 40 años, las cosas están cambiando.

Según el periodista Darío Palavecino, en la noche de Mar del Plata “la piel está más sensible y la prudencia pide dosis más altas”; desde el rol activo asumido por el movimiento de mujeres muchas cosas que antes se celebraban, como un piropo grosero, ahora son inmediatamente repudiadas. “Al que se pasa lo ponen”, dice un empleado de seguridad de una disco de Playa Grande.

Boliche argentino. (WEB)

Tanto las mujeres como los hombres reconocen que hay un cambio en las maneras de relacionarse entre desconocidos en bares y locales bailables. “Claro que las cosas cambiaron, que hay otra clima, que ya hay una tendencia instalada a no permitir más determinadas maneras de que un tipo se te acerque”, reconoce Eugenia Uriarte, que tiene 27 años y celebra este cambio, consultada por La Nación.

Juan Costa, que es de La Plata y veranea en el mismo lugar, también percibe que las mujeres dejaron de aceptar modos que molestan. “Soy entrador, vinculo fácil, pero también sé leer rápido cuando algo no va y entonces no queda otra que irse”, cuenta.

Boliche. (WEB)

Este cambio se ve por los jóvenes con optimismo: “el feminismo no va a terminar con el levante”, señala la periodista Tamara Tenembaun, quien explica: “A las feministas se nos acusa con frecuencia de (…) venir a ser las aguafiestas, las “vigilantes”: estaban todos divirtiéndose, dicen algunos, y caímos nosotras a arruinar el momento con nuestras denuncias y advertencias, a cuestionar las prácticas que a todos nos gustaban y nos excitaban tanto.”

Sin embargo, propone verlo desde otro punto de vista: “¿realmente estábamos “todos” divirtiéndonos? ¿A “todos” nos gustaban y nos excitaban las maneras en que el levante se conducía hasta hace muy poco?”  Con reflexiones como estas, la nueva noche del verano parece ser más cómoda y quizás un poco más segura, y no solo eso: ahora puede ser divertida para todos. 






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