Según expertos, el exceso de actividades y agotamiento extremo acentúa la falta de sueño y de descanso.


Según afirma la psicóloga británica, Nerina Ramlakhan, en su libro The Little Book of Sleep, un día repleto de actividades y de agotamiento extremo, puede causar insomnio no sólo en niños, sino también en adultos. Se trata de lo que ella define como uno de los principales problemas de la vida moderna: la falta de descanso.

Así como describe la periodista Irene Hartmann, en un artículo publicado en Clarín, el hecho de no poder dormir, “no es un problema de pocos”, ya que “el 60 por ciento de los latinoamericanos acusa tener conflictos de sueño”. El dato fue extraído de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño. Consultado por la periodista, el neurólogo y presidente de la institución, Arturo Garay, explica que el insomnio no afecta a todos por igual. “Los que no duermen una vez cada tanto sienten sueño al día siguiente, pero las personas con insomnio agudo viven en un estado diurno de hiperalerta”, afirmó el experto.

Por su parte, Alejandro Caride, jefe de Neurología del Hospital Alemán, complementó: “La hiperactividad y la hiperconexión provocan un aumento de adrenalina. Eso tiene una respuesta metabólica que activa los sistemas del cuerpo, lo que termina inhibiendo los ciclos habituales del cerebro”. Y detalló: “La actividad física intensa, las complicaciones laborales y los dispositivos electrónicos atentan contra la ‘higiene del sueño’”.

Según expertos, el 60 por ciento de los latinoamericanos tiene problemas de sueño (AFP).

Para los psicólogos la clave está en equilibrar las necesidades humanas y las prioridades: en la vorágine de la vida actual, exigencias fisiológicas como dormir y comer, fueron superadas por la autorrealización personal y profesional. “Dormir no tiene una recompensa tan fuerte como otras actividades y ésta es una sociedad orientada al logro”, afirmó a Clarín, Eduardo Keegan, profesor de Psicoterapias de la Facultad de Psicología de la UBA.

Para experto, la solución está en dedicar períodos del día a las demandas del cuerpo, y otros “al repliegue”. Pero es consciente de que objetos como el teléfono son “difíciles de resistir”. “Somos como el chico que no quiere dormir en Navidad. Todo es demasiado interesante”, concluye Keegan.





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