Paul Molina es uno de los tresarroyenses diagnosticados positivos de Covid -19 y en una entrevista exclusiva con Vía Tres Arroyos, relata sus vivencias desde su parte más humana.


La empatía, la solidaridad y el respeto, son los tres pilares fundamentales y necesarios que sostienen a una sociedad cuando atraviesa por situaciones dramáticas, excepcionales y fuera de cualquier contexto como la que está atravesando el mundo a causa del Covid -19 que, como era de esperar, ingresó a Tres Arroyos sin pedir permiso.

El amor incondicional de la familia y los amigos, se vuelve un aliado indispensable que da fuerza y empuje para atravesar la situación, y sin ellos, sin los afectos, cualesquiera sean, todo sería mucho más difícil de soportar.

Paul Molina es operador técnico en el grupo 105 y días atrás, recibió esa noticia que, por estos días nadie quiere escuchar, ser positivo de Covid -19.

Pero a lo malo, siempre y por defecto, le sigue algo bueno y desde ese triste momento Paul no dejó de recibir muestras de cariño, de apoyo y solidaridad de parte de sus amigos y conocidos.

Paul Molina

En un diálogo exclusivo con Vía Tres Arroyos Paul Molina nos relata cómo está viviendo junto a su familia esta situación.

Comenzó relatando como fueron los orígenes de la enfermedad.

“El viernes (de la semana anterior) me levanté muy mal, descompuesto del estómago y con mucho mareo, llamé al hospital y me dijeron que para hisoparme tenía que cumplir algunos requisitos del protocolo. Esa noche la pasé bastante mal, si bien no tenía fiebre, tenía mucha tos y me dolía mucho el cuerpo, además me di cuenta que ya no tenía olfato” – comenzó a relatar.

“El sábado a la noche – continuó – tenía más de 38º de temperatura y volví a llamar por teléfono y me dijeron que el domingo a partir de las 8 horas vaya al hospital y que ingrese por la entrada de Roca”.

“El domingo a la mañana me levanté, y me desvanecí en el baño, no sé qué me paso, todavía no se bien que pasó. En un momento escucho la voz de mi mujer preguntándome si estaba bien, y en ese momento me doy cuenta que estaba arrodillado en el piso y que tenía la punta del diente como partida. Cuando me recuperé me fui para el hospital, me hisoparon y cuando terminé de hacer todo el papelerío me sentía mareado otra vez. Con lo justo pude llegar al auto, me quedé un rato ahí con el asiento reclinado y cuando me recuperé me fui para mi casa. Esa misma noche me llamaron y me dieron el resultado positivo”.

“A partir de ese momento la vida se dividió en dos: por un lado, empezar a cursar la enfermedad con mucho dolor de cuerpo y descomposturas pero a su vez con todo el cariño de los amigos”.

La voz de Paul suena emocionada cuando relata la invaluable ayuda que recibe a diario de todos sus amigos y conocidos: “Desde el lunes a la tarde que se hizo pública la noticia hasta el día de hoy (viernes) no ha parado de llegar gente a casa, amigos, conocidos a dejar mercadería, juegos para los nenes, golosinas, autitos. Se comunicaron conmigo las maestras de mis hijos, los padres de los compañeritos del colegio y a pesar de que les decimos que no necesitamos nada, se acercan y me dejan carne, pan, frutas; y lo hacen de corazón porque no aceptan dinero”.

Paul Molina: “pesar de que les decimos que no necesitamos nada, se acercan y me dejan carne, pan, frutas; y lo hacen de corazón porque no aceptan dinero”.

“¡No sabés lo que son mis amigos, están siempre! Nunca pensé que nos iban a ayudar, de la manera desinteresada que lo hacen, esa es la parte más maravillosa de la enfermedad – continuó – No alcanzan las palabras para agradecerles tanta solidaridad”

Mientras Paul hablaba con nosotros interrumpió el hilo de la charla para contarnos que en ese preciso momento un auto rojo que no pudo identificar, bajaba mercadería para obsequiarle. “es todo el día así” – sentenció.

Paul Molina. “no ha parado de llegar gente a casa, amigos, conocidos a dejar mercadería, juegos para los nenes, golosinas, autitos”.

“Todos me escriben y me preguntan qué es lo que necesito pero la verdad es que no necesitamos nada. Me están llenando la casa de mercadería. Llaman por teléfono para avisarme que me dejaron cajas y bolsas en la puerta o en la esquina y se quedan para saludarme desde el auto. Para que te des una idea los médicos me enviaron un spray nasal y una amiga que lo fue a buscar, a la pasada compró otro, de gusto porque con uno era suficiente, pero los amigos son así les parece en su afán de ayudarte que nunca va a alcanzar nada”.

Paul Molina: “Llaman por teléfono para avisarme que me dejaron cajas y bolsas en la puerta o en la esquina y se quedan para saludarme desde el auto”.

Con respecto al Covid -19 Molina relató: Por momentos es pasarlo muy mal, con mucho dolor de estómago, de cuerpo y tos, cualquier mínimo esfuerzo te cansa mucho. Tengo mensajes que no he podido responder porque siento mucho cansancio y me agito mucho. Generalmente a la madrugada y a la tardecita sube la temperatura.

“Ayer (por el jueves) me sentí mucho mejor, recuperé el olfato y hoy ya pude desayunar, todavía con un poco de tos. Los médicos me llaman todos los días”.

Finalmente consultado por como atraviesa la situación la familia Paul nos contó que: “Por suerte el resto de la familia está bien, Amadorcito tuvo un poquito de fiebre pero ya se encuentra muy bien. Mi señora está ahí, luchando todo el tiempo, no para de trabajar desde que se levanta, con los nenes, con la comida, con la ropa, es una bestia”- dijo Paul a manera de elogio.

Su señora es Daiana Rodríguez, ladera incondicional de Paul, en esta amarga experiencia junto con sus tres hijos Amador, Nuria y Alanna.

“Paul, está lo más aislado posible – nos cuenta – Mientras se ducha, yo entro a la habitación y desinfecto todo. Cambio sábanas, toallas de mano, me sacó la ropa y lavo todo con agua caliente según los protocolos y cuando Paul sale del baño empieza otra vez el operativo desinfección en esa parte de la casa.”

Conmovida al igual que Paul, Daiana no deja de asombrarse por todas las muestras de cariño y la ayuda que está recibiendo en estos días “Recibimos de todo – confiesa – hasta las fotocopias del colegio para los chicos, se pelean para ver quien me las trae, quien me las busca, es maravilloso –expresa – con un optimismo que contagia tanto o más que la propia enfermedad – entre todo lo feo y la pesadilla de la situación, porque hasta que Paul no esté otra vez al 100% esto no termina”.

“A veces ni yo misma sé cómo estoy de pie. Es saber que uno tiene que acompañar, es ver a los nenes. Amador (quien tuvo episodios de fiebre) el otro día cuando se levantó me dijo: ‘Mami, yo mañana voy a estar bien y vamos a poder jugar’, a esas cosas me aferro”.

“Estoy más que agradecida con la gente. Es muy lindo saber que a uno lo quieren y que le desean el bien, es algo que no se puede explicar con palabras” finalizó.

Empatía, Solidaridad, respeto…y amor. Son las medicinas que Paul Molina y su familia están recibiendo a diario desde el comienzo de su enfermedad, la misma medicina que seguramente están recibiendo todos los pacientes que atraviesan por esta difícil situación y que alivia más que cualquier otro remedio.

De nada sirve en estos días el chusmerío barato, la desconsideración, el ataque innecesario y cruel, contra aquellas personas que padecen o padecerán covid -19. Ayudarlos a sanar es nuestra misión y para ello tiene que aflorar en todos nosotros, lo mejor que tenemos para dar.




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