Este miércoles, 2 médicos declararon en el juicio contra Mónica Zingman y Romina Jaime, madre e hija acusadas por matar al bebé de la más joven de ellas en julio del 2019.

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Samuel Rodolfo Aibar, el médico que atendió a Jaime cuando la joven llegó al Hospital del Sur de San Luis con un fuerte dolor abdominal, y Marcela Gómez, médica forense que examinó el cuerpo del bebé tras su muerte, contaron sus versiones.

Cámara Penal N° 1 de San Luis

Aibar contó que le preguntó a Romina Jaime varias veces si estaba embarazada y tanto la chica como su madre le respondieron que no. 2 horas más tarde, cuando la joven fue derivada a la Maternidad Provincial, Jaime reveló qué era lo que contenía la bolsa que su madre había tirado en un cesto de basura del otro centro médico: el bebé que había dado a luz ese día.

Según declaró Aibar, apenas supo esto, él y el personal del hospital buscaron esa bolsa. Pensó que, con mucha suerte, aún podría continuar con vida o que podrían reanimarlo. Pero cuando hallaron al bebé no tenía pulso, no respiraba. El cuerpo del niño estaba frío, la piel se había vuelto azulada y aún tenía el cordón umbilical.

“Salimos desesperados a buscarla con Gastón (un compañero de limpieza)”, contó. “Hallamos la bolsa. La rompí, porque estaba hecha un nudo. Adentro había una campera azul, que envolvía al nene”, añadió el doctor.

Por otra parte, Marcela Gómez, la forense que examinó a Jaime y que también hizo la autopsia del niño, declaró que fue poco y nada lo que pudo dialogar con las mujeres. Zingman no hablaba, tenía “una cara triste”, y el hermano de Jaime no dejaba tampoco que la joven hablara.

“Le pregunté a la chica si estaba embarazada y me dijo que tenía dolor de estómago y que eliminó ‘esa cosa’, en referencia al feto”, indicó. Le consultó a Jaime si el bebé había respirado y ella no le respondió.

Cuando revisó al niño, la forense realizó una docimasia — prueba en que se coloca un trozo de pulmón en un frasco con agua, y si flota es indicativo de que hubo oxígeno— y concluyó que el bebé nació con vida ya que pudo respirar.

La especialista determinó que el niño murió asfixiado a causa de la obstrucción de aire causada con la campera con la que fue envuelto. “No tuvo la posibilidad de respirar, porque una campera que le cubre la nariz y la boca a un bebé le provoca la muerte en cuestión de segundos o minutos”, explicó.

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