Agustina Fernández se contagió de coronavirus en agosto del 2020 cuando cursaba las 38 semanas de gestación de su hijo Camilo. Estuvo internada en el hospital “Joaquín Castellanos” de la localidad salteña de General Güemes, y aunque su estado no revistió gravedad, el virus llegó a su bebé.

Camilo nació por cesárea y fue llevado a una incubadora. Su mamá le contó a El Tribuno que el pequeño se ahogaba y que en un principio pensaban que era reflujo pero cuando cumplió seis meses las dificultades para respirar se hicieron cada vez más intensas. “La doctora Robles Salum revisó a Camilo y notó que era algo más que un resfrío, ella lo derivó a Salta donde le diagnosticaron el EPOC”, contó Agustina.

Luego confirmaron que se había contagiado de COVID-19 durante el embarazo, y que el virus había dañado sus pulmones. Camilo depende de un tubo de oxígeno para poder respirar y por eso continúa no puede salir del hospital.

Para volver a casa y permanecer alejado del riesgo que significa estar internado en pandemia, su familia necesita comprar un oxigeno portátil, que cuesta alrededor de $300.000. “Somos una familia de escasos recursos y me hijo no tiene obra social, tampoco pude hacerle documento. Pido ayuda a nuestras autoridades provinciales y municipales”, enfatizó Agustina.