La casa de Modesta está en la Quebrada del Toro, a 3.800 metros de altura, a 140 kilómetros en auto más unas siete horas caminando.


Surgen historias increíbles en medio de la pandemia, y hoy es la de Modesta Guanuco, una mujer de 81 años que quedó completamente aislada por la cuarentena total. Por los controles en la ruta a San Antonio de los Cobres, no recibió asistencia, ayuda ni visitas durante un mes.

Modesta vive en el puesto La Encrucijada, entre los nevados de Acay y Chañil. Los lugareños llaman a esa zona el paraje Pancho Arias, y para llegar hay que viajar en vehículo hasta el paraje Las Cuevas por la ruta nacional 51, a 140 kilómetros de Salta Capital.

Quebrada del Toro (Rodrigo Soldon)

A partir de allí, su hija Adelaida camina durante siete horas para llegar a su casa, dependiendo del peso que lleve encima. Para una persona que no está acostumbrada, el viaje sin peso puede llevar más de 10 horas, pasando por la estación Inti Huasi. La casa de Modesta está a 3.800 metros sobre el nivel del mar.

El viaje se puede cumplir en poco más de una hora si se tiene un transporte propio con doble tracción, gracias a un camino que hicieron hace poco y que es mantenido únicamente por los vecinos. Sin embargo, en la primera fase de la cuarentena se volvió imposible superar esta distancia.

Por esta razón, desde mediados de marzo hasta casi fines de abril Modesta estuvo completamente sola, sin contacto con otro ser humano. Un equipo de Los Amigos de la Quebrada del Río Toro, junto a El Tribuno viajó a visitarla el fin de semana para conocer su historia, liderado por Adelaida Jerez, la hija de Modesta.

Ella es Modesta, tiene 81 años y estuvo aislada en La Puna un mes sin enterarse del coronavirus. (El Tribuno)

“Yo no necesito nada, tampoco puedo comer mucho porque me duele la panza. Lo que yo necesito es que me vengan a visitar”, dijo la mujer cuando llegó el equipo llegó. Aprovecharon el viaje para llevarle agua, mercadería y el pan francés que tanto le gusta.

Modesta tuvo cuatro hijas: las dos más grandes las tuvo soltera, y otras dos con Pilocarpio Jerez. La mayor falleció, y de la segunda no tiene noticias hace un tiempo. Después viene Adelaida y finalmente Nélida, que estuvo en un accidente vial hace poco y se está recuperando. Por estas razones solo Adelaide pudo asistirla, lo que le significa mucha dificultad pues ella vive en la ciudad de Salta.

Sin transporte oficial para ir a la zona, pagó $ 7.000 a un remís ida y vuelta hasta Las Cuevas, y subió caminando con toda la carga, para bajar lo más rápido posible. “Tan difícil como llegar fue luego explicarle a mi mamá lo de la pandemia”, aseguró.

Modesta tiene conexión directa con la Pachamama, es parte del paisaje, del agua de la vega. Tiene dificultad para comer y caminar, pero mantiene su lucidez de coplera, y su risa. Sufre artritis reumatoidea, que empezó con un proceso de deformación de sus huesos, por lo que está cada vez más pequeña; usa zapatillas grandes porque no puede ponerse medias, y tiene una mano cerrada para siempre.

Como ya no puede pastorear, se llevaron sus ovejas a principio de año. No quiere a las vacas, pues hace unos siete años sus ovejas se empezaron a topar con ellas, y Modesta sufrió el embate de los animales al querer defender a su majada. Tampoco le gustan las perdices que se comen sus habas.

Modesta no sale de la montaña, y no quiere bajar a la casa de su hija en Salta. Como ya casi no ve, toca las caras, y habla con total honestidad de su situación. Al despedirse, dijo que tiene “todo lo que quiero acá. Además, yo ya comencé a ser parte de mi Pacha y cuando me muera seré completamente de ella”.




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