Una semana atrás, Pablo Javkin planteó que el crimen de Joaquín Pérez no era “un asesinato más”. Así Rosario fue escenario de una protesta por falta de seguridad que tuvo esa impronta por de la presencia del gobernador Omar Perotti y el intendente frente a los reclamos. La respuesta no tiene antecedentes recientes, pero contrasta con las políticas repetidas e ineficaces de la última década.

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La ciudad y la región van rumbo al cierre de su segundo año consecutivo con aumento de homicidios, una tendencia que se consolidó en septiembre con 27 muertes, una cada 26 horas. La mayoría de los casos están relacionados con la actividad de organizaciones criminales o economías delictivas. Sin embargo, lo que motorizó las manifestaciones de la última semana fue un robo fatal.

“Que la política vaya sólo por el aplauso no es el camino”, dijo Perotti este jueves. Así defendió la decisión de haber ido al Monumento a la Bandera, donde lo insultaron y llegaron a gritarle “asesino” mientras estaba acompañado con Javkin. El gobernador destacó que cumplió con el compromiso que había asumido ante la familia del arquitecto.

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Hasta el 10 de octubre se habían registrado 182 homicidios en el departamento Rosario y sólo cuatro fueron en ocasión de robo. La reacción ante el crimen de Joaquín no guarda relación alguna con esta proporción. En cambio, se nutrió de un pedido de mayor seguridad y críticas hacia la tarea del Estado en esa línea.

La viuda del arquitecto le había pedido a Perotti que diera la cara y el rafaelino fue al lugar, algo que no se vio en manifestaciones anteriores que incluso fueron más numerosas. Allí el gobernador se encontró con insultos y una actitud violenta de varias personas, tan previsible como contraria a la que había adoptado la familia.

Perotti fue a hablar con manifestantes en el Monumento y algunos lo insultaron. (@MauroYasprizza)

Hace 5 años, la protesta frente a la sede local de la Casa Gris bajo la consigna “Rosario Sangra” se insinuaba como un punto de inflexión con algunas características similares a las de esta movilización. No obstante, los indicadores de violencia fluctuaron desde entonces sin llegar a un descenso sostenido.

Dos semanas atrás, la ciudad recibió una dotación de 575 gendarmes para el trabajo coordinado con la Policía de Santa Fe a nivel local y en otros puntos de la bota. La receta no es nueva, aunque esta vez la Nación resolvió implementar un refuerzo permanente con mil agentes más a partir de marzo.

Ante la presión social reciente, el Gobierno provincial anunció una suerte de intervención de la jefatura de Rosario. A partir del desplazamiento de Luis Maldonado, el sexto en la lista de la gestión Perotti, la directora general Emilce Chimenti se hizo cargo de la conducción.