El día de ayer, en plena reunión, el ministro de Gobierno de la provincia, Juan Manuel Chapo, fue agredido por un referente social. Se identificó al atacante como Gustavo Monzón, un representante de la Cooperativa de Vendedores Ambulantes.

Monzón habría atacado al ministro con una silla en el cuarto piso de Casa de Gobierno, en la sala de reuniones de Chapo. Sin embargo, de esta provocación no resultó nadie herido de gravedad.

Este ataque sucedió en el marco de las marchas en la plaza 25 de Mayo, lideradas por el dirigente social “Tito” López. Los manifestantes piden la renuncia de varios ministros del Ejecutivo, entre estos Gloria Salazar de Seguridad y Justicia, Pia Chiacchio Cavana de Desarrollo Social, y el agredido Juan Manuel Chapo.

Fue en este contexto que Gustavo Monzón declaró: “La única política de Estado que hay es la del hambre, y la sostienen a través del miedo a la pandemia o al garrotazo. La policía está esperando para dispararnos, para pisarnos la cara. Fue así siempre”.

A esto, el dirigente de la Cooperativa agregó: “Vayan a una carnicería a ver cómo nos están robando, te quieren acostumbrar a que vivas mal. No podes tomar una sopa, no hablo de asado. Se durmieron todos los trabajadores este tiempo, ahora son todos pobres. Que nos sigan criticando nomás, mientras están sentados en sus casas”.

Declaraciones en redes sociales

Respecto a la situación, Chapo publicó en Facebook su respuesta a los eventos: “Agradezco profundamente las innumerables muestras de solidaridad y afecto que me han hecho llegar, me encuentro en perfecto estado de salud y con mucha tranquilidad a pesar de lo ocurrido, ninguna agresión, por violenta que sea, va a lograr amedrentarme ni apartarme de mis convicciones más profundas, aquellas que abracé con pasión desde la militancia política y el Peronismo”.

A su vez, el funcionario aseveró: “Soy plenamente consciente que fijar una postura con aquellos que siempre se sintieron impunes tiene sus consecuencias, tengo la templanza suficiente para hacerlo, lo acepto como parte de la función que hoy me toca desempeñar, prefiero mi dignidad a ser rehén de los violentos, que no lograrán ni asustarme ni amedrentarme, muy por el contrario, sólo fortalecen mis convicciones, que no son otras que las de vivir en un Estado de derecho donde las leyes se cumplan y los derechos de todos sean respetados”.