En el marco de los festejos por el Día de los Jardines de Infantes y del Maestro y la Maestra Jardinera, Vía Pérez se comunicó con Daniela Sánchez, quien trabaja en el Jardín Surcos, en el Barrio Cabín 9, hace ocho años. Para ella, “los chicos son chicos”, no importa si viven en la periferia o en el centro, y los de Cabín 9 son especiales.

Tiene 34 años. En el año 2012 obtuvo el título como docente de nivel inicial. Desde el 2013 trabaja en el Jardín de Infantes Surcos, en el barrio Cabín 9. Viaja todos los días 45 minutos para llegar a su trabajo. Daniela relata cómo en un primer momento, tanto ella como sus colegas, se bajaban en la parada de colectivo, que queda a seis cuadras del jardín, hasta que una vez les robaron. Desde ese momento decidieron manejarse en remise, desde allí hacia el jardín para la ida, y viceversa, de regreso a sus casas. En la actualidad, una de las docentes, las espera con su auto en la parada de colectivo y todas desde ahí van juntas al jardín.

Daniela Sánchez, Maestra Jardinera el el Jardín Surcos (Cabín 9), nos habla de cómo le cambió la vida el trabajo que realiza con los niños de ese barrio carenciado de Pérez.Daniela Sánchez

“Después de tantos años de ir a la misma parada, la gente ya te conoce, te saluda y a veces no sabemos quién es. Eso es muy lindo. Ya saben que somos las seños de Surcos”, dice la maestra. Daniela tomó la decisión de ser docente de nivel inicial cuando llevaba a su hermano Damián al jardín. “Es cuatro años más chico que yo. Mi madre trabajaba mucho y tenía que entrar y ver cómo trabajaban, presenciar actividades y quedé maravillada de ese mundo, de mi jardín no me acuerdo”, señala.

“Me parecía la sala como un mundo ideal. Los trabajitos colgados, el olor a tempera, plastilina. Quedé maravillada de ver a la seño que también se llamaba Daniela, ver que jugaban, se divertían y aprendían. Dije: Yo quiero ser maestra jardinera”. La docente aclara que cuando uno va creciendo, va tomando distintos caminos y planificando qué vas a ser cuando seas grande. Al terminar la secundaria y con los prejuicios que hay, dudó si realmente era lo que quería, y tardó tres años en empezar la carrera de iniciación inicial.

“Me anoté en el profesorado, y esos cuatro años fueron divinos, cada año que pasaba me quería recibir y comenzar a trabajar. Seguía cerciorándome de que este era el camino que quería seguir. Trabajaba en un local de ropa, y me llama otra chica de un negocio. Me llamó y me pidió un currículum porque en Surcos estaban buscando maestras jardineras”, explica Daniela. Al poco tiempo y luego de entrevistarla, le confirmaron el puesto.

“Mi trabajo es plantar un buen cimiento para que el día de mañana sean buenas personas, buenos ciudadanos”.

“Conocí la sala, todavía lo recuerdo. El entorno no me preocupaba, yo quería trabajar de docente en el nivel inicial. Obviamente cuando empecé fue lindo. Los chicos, viven otras realidades”. Cuando a Daniela sus amigos le preguntan porqué va hasta allá a trabajar, les contesta: “los chicos son chicos, no importa si viven en la periferia o en el centro. Los de Cabín 9 son especiales. Porque valoran tu trabajo de una manera que me cuesta ponerla en palabras, en el respeto docente que tiene la familia, los chicos, el reconocimiento. Eso la verdad me llena el alma”, expresa orgullosa de su gente.

Es un barrio carenciado y obviamente la demanda es distinta porque hay que contener a los padres, a algún familiar que tengan a cargo al niño. “Algunos días te volvés angustiada por alguna historia familiar y a veces decís: no puedo manejar esta emoción”. Daniela reflexiona y piensa que a veces tiene días duros y no le deja de afectar, “hay realidades que al día de hoy me afectan, pero fui creciendo como persona”.

“Surcos hizo bastante en mí. Eso lo rescato en estos ocho años”

Daniela reconoce que creció en otro tipo de realidad, pero haber comenzado a trabajar en Surcos cambió su vida. “Te encontrás con que toda la teoría a veces no funciona para la práctica”, confiesa. “Surcos hizo bastante en mí. Eso lo rescato en estos ocho años”. Para Daniela, esa experiencia laboral, la ayuda a reconstruirse constantemente como docente y como persona, “poder ser empática, poder entender estas diferentes realidades y ser autocrítica también con mi persona y con mi profesión”.

El orgullo de ser docente: “lo elijo una y mil veces más”.

“Yo te defiendo la tarea docente a capa y espada. Solo el docente, el que está ahí o en el ambiente de la docencia, lo puede entender”. La Maestra relata su propia experiencia: “No hace mucho, había tenido una doble jornada, en Surcos y luego un reemplazo en el colegio donde yo fui toda la vida. Ese día yo dije: amo mi profesión, me siento cómoda, me levanto para venir a trabajar, y amo levantarme y hacer lo que me gusta, estar con los chicos, ver el crecimiento que tienen, cómo van logrando día a día esa evolución que uno espera. Uno pone como esa ficha en cada actividad que planifica y eso hace que yo diga: me siento orgullosa de ser docente, lo elijo una y mil veces más. Me encanta. A mí me encanta estar en la sala. Me encanta”, vuelve a repetirse sin temor a exagerar.

Año 2020

El año pasado, el día que arrancaban las clases, fue el día que se decretó pandemia total. Fase 1. “No sabíamos para dónde salir disparadas: la familia, la conectividad. Fue un golpe duro. Le buscamos la vuelta. Nos manejamos por los grupos de whatasapp de los padres, enviábamos las actividades ya sea con una canción, con un video, títeres, distintos recursos. La respuesta fue te diría, que un 50/50″, señaló. Tal como lo cuenta la docente, había familias que a veces no participaban, por lo tanto, hubo que hacer un seguimiento para ver qué pasaba del otro lado y ayudarlas a manejarse en la virtualidad.

“En octubre, noviembre, empezamos a ir a entregar bolsones y por ahí aprovechábamos y le dábamos material concreto, actividades en papel o alguna cosa que habíamos preparado para ellos, y si bien nos veían por primera vez, transmitían esa mirada de decir: te conozco de los videos que mandás todas las mañanas”, dice la docente con simpatía.

Daniela recalca la importancia de esos encuentros semanales y a veces cada 15 días, “ellos también se fueron aflojando, venían y te abrazaban”. Se nota la diferencia en los chicos que respondían con las tareas y los mensajes, aquellos que estaban en sala de 3 y ahora están en sala de 4, “se nota la diferencia de los que respondían y eran activos en los grupos y los que no. Uno dice, es una pavada que los chicos te vean por video, pero llevado a la práctica, se nota, porque son chicos más desenvueltos y que no les costó tanto la adaptación”, aclaró.

“Este año empezamos a trabajar con dos burbujas en las tres salas. En total en Surcos hay seis burbujas que van día por medio. Es una manera distinta pero estamos ahí, los vemos. La verdad que los chicos se comportan de diez, adaptándose, porque los chicos estuvieron mucho tiempo dentro de sus casas”. La maestra comentó que están muy contentos, y que por el momento, al no poder ir, se comunican por los grupos de whatsapp.