Acusan a la Iglesia de "tapar" los hechos.


El primero de los juicios por los abusos sexuales en el instituto Antonio Próvolo transcurre en la sala 4 del Fuero Penal Colegiado y también en la puerta de los Tribunales de Mendoza. Allí, ex alumnos del instituto Próvolo y víctimas de los abusos y sus familiares mantienen desde temprano una vigilia para reclamar justicia y para visibilizar el reclamo.

“La vida en estos 2 años ha sido muy difícil para los chicos, necesitamos que esta gente pague por lo que ha hecho. Ellos no respetaron los derechos de los chicos. Como padre lo más sagrado que tenemos son nuestros hijos, y se metieron con ellos”, contó con dolor Cecilia, quien indicó que desde que salió a la luz el caso, los chicos han sufrido hasta ataques de pánico.

Mariana, por su parte, es mamá de otra de las víctimas del instituto y contó: “Tengo cinco chicos de los cuales los tres más grandes tienen hipoacusia y retraso en el aprendizaje, los tres más grandes son los que iban al Próvolo y yo tengo causa con el nene más grande por amenazas de muerte y maltrato físico”.

“Mi hijo veía lo que pasaba pero no entendía por qué los elegían a unos y a otros no, por qué les pegaban a sus compañeros, por qué los mandaron al psiquiatra cuando supuestamente eran chicos de mala conducta para que estuvieron medicado y era para eso”, agregó.

Familiares de las víctimas se expresaron en la puertas del exinstituto Próvolo.

“Espero que se haga justicia empezando desde hoy como todos los casos de abuso que hay por parte de la Iglesia, no solo en este colegio sino en muchos otros colegios que los tapan. La Iglesia lo que ha hecho es tapar, en su momento le pagó la fianza a Kumiko. ¿Entonces qué, los chicos son las víctimas y son los malos?. Porqué la Iglesia no sale primero a preguntar cómo fueron las cosas, pero no, directamente acusaron a los chicos y a los padres de mentirosos”, concluyó.

En las puertas del exinstituto Próvolo, también se convocaron los familiares para pedir justicia. Ariel Lizarraga tiene una hija que fue abusada en el instituto cuando tenía 15 años. La chica empezó a tener cambios de conducta, empezó a usar ropa grande, era agresiva y se despertaba en medio de la noche llorando.

El hombre contó que Corradi iba a las casas, pero nunca sospecharon que sería él quien cometía los abusos. “Yo pensé que estaba llevando a mi hija al mejor colegio. Estaba entre monjas y curas y jamás pensé que sería así”, señaló Lizarraga en declaraciones a radio Nihuil.





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