Los docentes de la escuela Juan Ramón Guevara ubicada en el barrio Santa Teresita de Las Heras viven difíciles situaciones en su ámbito laboral debido al alto grado de inseguridad de la zona. Varias veces por semana tienen que refugiar a sus alumnos de las balaceras que se desencadenan en la puerta de la institución.

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En el barrio las situaciones son difíciles, la inseguridad y delincuencia priman. “Trabajamos entre los tiros. Una o dos veces por semana se agarran a tiros fuera de la escuela justo en la puerta. En ese contexto, con gritos y miedo, mucho miedo, damos clases”, indico la docente Cecilia Graciano a Vía Mendoza.

Con este ámbito es con el que trabajan los docentes y el personal de servicio de la institución cada semana. Las profesoras y profesores del colegio pasan a convertirse en el escudo de protección. “Los niños lloran y su seguridad está en nuestras manos. Hace años que vivimos esta situación”, indicó.

Estas balaceras generalmente son entre bandas del departamento o de la provincia. Muchas veces la policía también participa de los tiros en la entrada de la escuela. Los docentes piden ayuda desde hace años, pero nadie garantiza su seguridad. “La situación es terrible y ya no sabemos que hacer”, señaló.

Los docentes dan clases entra balaceras que se desarrollan entre las mismas bandas o con la policía.

“Escondidos debajo de los bancos, buscando una pared segura o un rinconcito donde no nos alcancen las balas. Así se trabaja en esta escuela”, comentó Cecilia. Los docentes se hacen cargo de cerca de 350 niños que concurren a la institución.

Por otro lado, los docentes no solo deben asegurar la protección de los alumnos, sino que se encuentran con realidades muy diferentes y difíciles por las que los niños atraviesan. Los conflictos con los que se encuentran son situaciones de inseguridad, pobreza, analfabetismo, delincuencia, abuso, maltrato, entre otros.

Desde su lugar los docentes van “más allá” de sus profesión como educadores. “Nosotros no solo enseñamos contenidos también, enseñamos hábitos, valores y sobre todo somos pilares de esos niños. Tratamos de brindarles la contención y el afecto que necesitan. No solo somos maestros somos, mamá, papá, psicólogos o amigos”, dijo la docente.

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“Tratamos de hacer frente a todas las situaciones desde el rol docente, aunque a veces se hace muy difícil. Al ver cómo se vulneran los derechos de los chicos salimos del rol de educadores y reaccionamos desde otro lugar con los recursos que disponemos”, aseguró.

A pesar de las difíciles situaciones por las que pasan estos docentes siguen de pie. “Más de una vez quise bajar los brazos. Muchas veces sentí que no podía y que no servía para esto, pero gracias a los chicos seguí y sigo adelante, estoy segura que este es mi camino”, manifestó.

“Cuando sentimos que no podemos, buscamos apoyo entre nosotros y volvemos a ponernos de pie para seguir adelante”, concluyó la docente que se refugia constantemente en sus colegas para sobrellevar esta situación.