En las vísperas de la ceremonia de entrega del galardón, el bioquímico e investigador jujeño Diego de Mendoza, ganador del Premio 2021 de la Fundación Bunge y Born, destacó la importancia de “hacer ciencia en el país”, formar jóvenes científicos y aseguró que es “un honor” ser reconocido por esa institución.

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“La investigación básica, estudiar lo desconocido siempre me pareció apasionante”, expresó De Mendoza, quien fue destacado por su producción de conocimiento científico “de excelencia” en el estudio de las bacterias, por lo que será premiado este miércoles en una ceremonia que podrá seguirse de manera virtual.

En 2017 el doctor Diego de Mendoza resultó seleccionado como Investigador de la Nación por su trascendental labor en la instrucción de discípulos y la creación de centros de investigación, y una extensa producción bibliográfica. A su vez, el grupo que dirige es considerado uno de los líderes mundiales en el estudio del metabolismo de lípidos en bacterias Gram positivas.

La microbiología, disciplina elegida este año para los premios Bunge y Born por su “rol clave en el estudio de enfermedades infecciosas” y su especial relevancia durante la pandemia, da la posibilidad de que “en laboratorios relativamente pequeños, que generalmente son los más comunes en Argentina, podamos conseguir avances fundamentales”, explicó el investigador de 72 años.

UNA TRAYECTORIA EJEMPLAR

De Mendoza es doctor en Bioquímica por la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), donde da clases hace 35 años.

La ceremonia de entrega del Premio Científico y el Premio Estímulo de la Fundación Bunge y Born será este miércoles a partir de las 18:00 y se podrá ver en la página web de la fundación Bunge y Born.

El científico consideró a la investigación como “esencial para el crecimiento del país” y destacó el rol de la investigación básica, sin la cual muchos desarrollos posteriores “no serían posibles”.

Oriundo de Jujuy, De Mendoza aseguró que fue en el secundario, realizado en el Colegio Nacional n° 1 “Teodoro Sánchez de Bustamante” de esta ciudad, San Salvador de Jujuy, donde tuvo un profesor de química que “ponía mucho empeño en transmitir los conocimientos” y que le despertó “pasión por la química”.

“Mi padre, empleado en una imprenta, había llegado nada más hasta segundo grado de secundaria, y mi madre era maestra. Ambos tenían mucho respeto por la cultura y la educación”, relató.

Una vez finalizada la escuela secundaria, inició sus estudios en bioquímica en la Universidad Nacional de Tucumán.

En la década de 1970, en la que “había muy poco dinero para investigar”, De Mendoza fue becado por el Conicet para realizar un posdoctorado en la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, donde comenzó sus estudios en microbiología molecular, que derivaron en importantes descubrimientos con impacto internacional.

MENTOR DE JÓVENES CIENTÍFICOS

Al regresar al país, con “un gran entusiasmo por aplicar acá todo lo que había aprendido allá”, el científico inició a dar charlas y clases en la UNR, donde predominaba “la ilusión por mejorar el conocimiento en un contexto de vuelta a la democracia”.

Allí pudo fundar el Programa Multidisciplinario de Biología Experimental del Conicet (Promubie), que luego dio lugar a la creación del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), del cual fue cofundador y director y que hoy es un espacio líder de bioquímica en la Argentina.

De Mendoza fue también destacado por su “continua contribución a la promoción y generación de recursos para el desarrollo de la ciencia en el país”, especialmente en la promoción del desarrollo y perfeccionamiento de numerosos jóvenes científicos.

Diego de Mendoza recibió la Distinción Investigador de la Nación Argentina 2017, en reconocimiento a su producción intelectual, su aporte innovador y su labor en la formación de recursos humanos.

Justamente fue junto a “jóvenes muy brillantes” que consiguió el hallazgo pionero a nivel mundial de una proteína bacteriana que monitorea si hace frío o calor y adapta la fisiología de la bacteria de acuerdo a la temperatura.

Se trató de un hallazgo “muy novedoso y reconocido en el mundo”, que luego fue utilizado por empresas biotecnológicas para el desarrollo de biocombustibles, el diseño de plásticos biodegradables o para la biotransformación de residuos agroindustriales en productos de alto valor agregado.

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Por toda su trayectoria, la Fundación Bunge y Born lo homenajeará con el Premio Científico que entrega ininterrumpidamente desde 1964 y que es uno de los reconocimientos más importantes del ámbito científico nacional, con prestigiosos jurados y participantes.

Respecto del premio, el científico jujeño dijo que le causó “una gran satisfacción” y que es “un honor”, ya que fue recibido previamente por “científicos extraordinarios de la Argentina”, como el Premio Nobel Luis Federico Leloir; e investigadores como Rolf Mantel, Roberto Salvarezza y Gabriel Rabinovich, entre otros.