Un testigo indicó que el jefe de los efectivos estuvo en el lugar después del crimen, se retiró, y volvió cuando ya estaban los peritos.


En noviembre pasado, el municipio de El Soberbio fue escenario de un caso de gatillo fácil, donde falleció Reinaldo Andrade de 37 años a causa de un tiro que salió de la pistola de un policía. El efectivo que disparó y su compañero se encuentran detenidos; el día de los hechos, ambos estaban de franco, actuaron de civil y en un vehículo particular.

Según la versión del efectivo acusado del asesinato, Andrade se interpuso con su auto en una persecución y llevaba un arma de fuego en la mano, esto le hizo temer por su vida y la de su compañero por lo que disparó. Sin embargo, el acusado se abstuvo a declarar en las dos audiencias indagatorias. Los efectivos son Matías L. de 22 años, imputado como el autor del disparo mortal por homicidio calificado por ser integrante de una fuerza de seguridad y por el uso de arma de fuego, y el cabo Fabio B., sospechoso de ser partícipe necesario del crimen.

La víctima mortal iba con dos acompañantes que también declararon como testigos, e indicaron que en vehículo de Andrada no había armas de fuego en un inicio e indicaron que el pistolón y el revólver calibre 38 que fueron encontrados en la escena del crimen, fueron “plantados” por los efectivos.

Luego de ello, un vecino que también fue testigo en la causa, señaló que el jefe de los detenidos, Eduardo D., estuvo en el lugar de los hechos poco después del crimen, se retiró y volvió cuando autoridades policiales y judiciales hacían los trabajos de rigor por lo que se cree que el podría haber llevado las armas.




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