“Mi derrotero, mi vocación y Malvinas”, la historia de la enfermera Olga Cristina Frías

por Silvia Brandariz

"Voy a contar mi propia vida con los muchachos de Malvinas, la que me hizo fuerte para ayudar a nuestros héroes junto a 150 enfermeros civiles de la Armada durante la Guerra". 

Este es el relato de Olga Cristina Frías, quien se desempeñó como enfermera de la base naval de Puerto Belgrano

Olga soñó cuando era niña con ser veterinaria o monja. Hija de un padre marino, solía acompañarlo a la Base de la Marina y allí descubrió en la adolescencia que lo más parecido a una doctora, era ser Enfermera Naval en la Escuela De Sanidad Naval dentro de una Base Naval y fue haciendo lo que sentía con la certeza de que todo estaría bien.

Cuenta en su relato que así “comienzan a aparecer las vivencias, que luego se van asentando en nuestras vidas, el noviazgo, tu carrera y luego la familia, que todo se vive como dentro de un gran barco de guerra, luego vienen los hijos y vas criándolos y seguís tu derrotero que te conduce a la sorpresa que nunca imaginas”.

Unos meses antes de la guerra ya había aprestos en los que se percibía que algo había, aunque sin saberlo. Incluso muchos se enteraron “cuando ya habían zarpado de Puerto Belgrano, hacia donde era su derrotero final: Islas Malvinas“.

Enfermeras de la Escuela Naval

Mientras tanto… Olga sigue su vida como flamante mamá y mamá multifunción y en su rol de llevar adelante su familia y la rutina. Eso sí, siempre contó con un “soporte técnico“, como le gusta llamar a todas las personas que la ayudaron y sin las cuales no podría haber llevado adelante el “barco” familiar: mamá, abuelos, tías, y tías del corazón, amigas que no tienen hijos o si los tienen ayudan.

“Mis días de mamá enfermera, estaban cercanos nuevamente, por lo tanto disfrutaba de atender a mis peques a tiempo completo, entre cuidados, baños, mamaderas y otras demandas. La hermanita más grande ayudaba y cuidaba a veces, pero mi hora más gratificante era cuando a las seis de la mañana prendía la radio  y me disponía a dar a mi beba de mamar, tranquila solo nosotras dos, escuchando música. Algo me paraliza cuando escucho: transmite LRA1 Radio Nacional y de Fondo la Marcha de Las Islas Malvinas y un mensaje que no podía creer y difícil de entender a esa hora”, relata vívidamente. Solo rescato “en un esfuerzo conjunto de las Fuerzas Armadas fueron recuperadas las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur“.

Ahí entendí todas las preguntas y encontré todas las respuestas“, concluye.

Hospital Naval de puerto Belgrano

Así, sin mucha convicción, de repente la vida cambia, al igual que la de muchos argentinos: tanto en las Islas Malvinas como en el continente, se da un antes y un después.

Recuerda Olga que “a los dos días justo cuando mi beba cumple un mes recibo una citación de la oficina de Personal del Hospital Naval de Puerto Belgrano. Al día siguiente debía presentarme a cubrir guardias. Aún me quedaban quince días para finalizar la licencia, pero si la Patria nos necesitaba había que ir, por todo por el valor, por la fortaleza de espíritu, ¡por nuestros hombres que iban siendo evacuados al Continente y en condiciones desesperantes y muy tristes! Nuestros soldados heridos nos convirtieron en sus familias, sus madres, psicólogas, hermanas y también sus amigas. Hablar de las miserias humanas vividas no fue fácil”.

Así pasó de la sala de maternidad y sala de partos de la época de paz a los quirófanos para bañar y curar a los soldados heridos. “El sonido de los llantos eran muy diferentes, éstos no eran cantos de vida precisamente, su sonido te laceraba el corazón. Horas interminables, caminando, llorando a escondidas. Algunas llorábamos abrazadas por ellos, por nosotras, por nuestros hijitos. Muchas de mis compañeras tenían a sus esposos en el frente. Si bien éramos todas de una franja etaria de 20 a 40 años muchas estábamos dando de mamar a nuestros hijos. Había momentos en que la maternidad se hacía sentir en nuestros cuerpos de puérperas tardías. Estábamos sensibles, pero no había espacio para el lamento: eran épocas con los valores más férreos. Nos educamos en una escuela militar como enfermeras navales civiles ya que las primeras mujeres militares ingresaron a la Armada en el año 1982 como aspirantes a la carrera militar, relata con orgullo.

Base Naval de Puerto Belgrano

“Durante nuestros dos años de formación como Enfermeras Navales concurríamos a izar el Pabellón a las 8 hs. con todos nuestros compañeros militares, con temperaturas bajo cero y resistir ante la adversidad climática era uno de los primeros desafíos de la carrera. En aquella época no nos permitían usar pantalones, solo el uniforme Blanco medias de nylon una camperita azul y las capas Azules y Rojas, Fue ardua la época de formación, pero ahí estábamos algunos años después, prestando servicio a la Patria. Tal vez en ese momento no teníamos conciencia de la dimensión de nuestra tarea, hoy con los años cada vez que tenemos que volver con el recuerdo a esa época no podemos evitar el llanto emotivo por demás”.

Tuvieron todas ellas momentos duros a superar, como cuando recuerda que “íbamos al vestuario a sacarnos los zapatos un rato, las que éramos mamás recientes, con los sacaleches a cuestas. A veces no podíamos volver a casa porque el trabajo era arduo e íbamos a comer una naranja, tomar un mate, o comer un sándwich preparado por las monjitas del Hospital y volver a las salas a seguir trabajando. Muchas veces volvíamos a la sala y preguntábamos por un paciente determinado y una mirada era suficiente para saber“.

Su memoria trae al presente el difícil momento de salir en las ambulancias por las dársenas del Puerto a oscuras con los heridos, tomando su mano y preguntarles que harían después de la guerra, El común denominador era “volver con mi familia. Entonces les infundíamos esperanza, aunque en algunos casos íntimamente sabíamos que no iba a ser tan así, ¡cómo no involucrarse, con tanta frustración y tanto Dolor!” Por “¡Razones de Seguridad”, los soldados no podían hablar con nadie ni podían sacarles fotos. Pero ellos querían tener un recuerdo, una foto vestidos de soldados. Olga intuye que “ese era un salvoconducto para que su familia supiera de ellos. La incertidumbre de sus familias que no sabían donde se encontraban, entonces algunas de nosotras llamábamos a algún vecino o familiar para avisar que estaban allí. Como nos cobraban las llamadas porque de la base no se podía llamar, gastábamos de nuestro dinero, pero eso era parte de la tarea. En algunos casos, muchos a causa de su stress postraumático anduvieron errantes mucho tiempo sin ver a sus familias y otros no pudieron cargar con el horror y se suicidaron“.

Recordatorio a la enfermera Olga Cristina Frías por su obra en Puerto Belgrano

Los enfermeros son formados para curar y para salvar vidas donde sea, donde se necesiten y ante estos recuerdos “tratamos de olvidar la adversidad llevando nuestra historia, nuestro mensaje de mujeres, de madres, de esposas y de hijas a todas partes y allí nos hicimos coprotagonistas de la historia de la Guerra“, cuenta con firmeza.

Resalta que una de las cosas más maravillosas en todos estos años es abrazar a sus familias y fundirse en un abrazo con madres, padres, con hijos, esposas y hermanos. “En las Islas Malvinas quedaron 649 almas que hoy viven en los corazones de quienes jamás los olvidaremos, otros han partido a buscar su pedazo de cielo en vuelos de Albatros, ¡desde el continente…!”, sostiene.

“Para Nosotros, 150 almas que con vocación un día elegimos ser Enfermeros Navales civiles de la Armada sin saber que seríamos parte de esta Gesta, hoy Malvinas sigue siendo una dolorosa asignatura Pendiente, si se quiere cargada de indiferencia, pero todos nosotros con la Satisfacción del deber cumplido”.

Olga sabe que cada actor de esta historia aún sigue sufriendo y pelea contra sus propios demonios,. “Nuestro demonio ha sido y es la indiferencia“, reconoce.

Por último esta abnegada enfermera reflexiona que “si es real que existe otra vida, yo quiero volver a ser enfermera naval de la Armada Nacional, y que mi propio derrotero me conduzca a poder hacer más por los gloriosos héroes de Malvinas y por mi Patria“.

Olga Cristina Frías en la premiación de libros

Olga Cristina Frías, autora de “Mi derrotero, mi vocación y Malvinas”, ganador del 2do. premio “Historias de Buenos Aires” por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.