Punta de Ruta. Lo que significa Arbulú, pueblo vasco de los ancestros de Carlos Arbulú, el kinesiólogo que es parte de Belgrano desde hace más de tres décadas. Argentina, Córdoba, Alberdi, fueron su punta de ruta. Vino desde Perú para ser un cordobés más. Y Pirata de corazón.

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“Trabajaba y hacía la residencia en el Clínicas, y el doctor José Amayo, médico del club que operaba a los futbolistas, me pidió para llevarme a Belgrano. Era diciembre de 1989 y era a prueba, como si fuera un futbolista je. Yo era hincha de Belgrano aún sin haberlo visto jugar, porque el celeste es el color representativo de las selecciones deportivas de mi provincia Chiclayo, en el Perú”, explicó en Vía Córdoba.

Carlos Arbulú, histórico kinesiólogo de Belgrano, fue distinguido por el Concejo Deliberante.Twitter @ConcejoCba

Llegó a Córdoba en 1975 y con 22 años, para estudiar medicina. No pudo rendir las equivalencias y para iniciar la carrera debía trasladarse a Mar del Plata. Prefirió quedarse en Córdoba, empezó a estudiar física, mientras trabajaba en un restaurante para costear gastos, y hasta se probó como lateral derecho en Avellaneda. Hasta que descubrió la kinesiólogía. Y le abrió las puertas de Belgrano.

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“Fue tocar el cielo porque admiraba el fútbol argentino. El primer jugador que tuve que atender fue a Alejandro Cánobas, un defensor que venía de Chacarita y le decían el Vikingo. Era por una contractura. Me esmeré tanto que Cánobas empezó a llamar a los gritos al querido Martín Pupito Araya, recordado masajista, y le decía ‘mirá Pupo, así se hace’. Desde siempre tuvo muy buena relación con los futbolistas, jamás un altercado”, rememoró.

Su dedicación hizo que Carlos Reinaldo Merlo, dos veces técnico del Pirata, lo quisiera llevar como refuerzo. “‘Te venís conmigo a Racing’ me decía Mostaza. Uno de los tantos personajes que me hizo conocer el fútbol. Pero ya estaba enamorado de Córdoba y de Belgrano”, aseguró.

Aún así, incursionó por otros rubros. Del deporte al espectáculo. “Hice 12 temporadas en Villa Carlos Paz con los artistas. Me llevaba el empresario Daniel Comba y atendí a Jorge Ginzburg, a Estela Raval, María Marta Serra Lima, a Wanda y Zaira Nara, a Jésica Cirio, a Evangelina Anderson... en ese momento estaba de novia con (Martín) Demichelis, y la llamaba a cada rato. Los futbolistas del plantel no podían creer con las figuras que trabajaba, porque en el teatro hacen como una pretemporada para las obras, y hay mucha tensión y contractura. Y como no soy cholulo, no tengo fotos con ninguna”, recapituló.

Tesoros Piratas

Apenas reciba la segunda dosis contra el coronavirus, volverá a sus funciones en Belgrano. Como en estos casi 32 años que registran hitos en la historia Celeste. “Estuve en el banco de suplentes en los cuatro ascensos a Primera. Siempre comparó el de 1991 con el de 2011 ante River. Y lo que más recuerdo es que el primero fue el mismo día de los 170 años de la Independencia del Perú, el 28 de Julio. Y del último, la tranquilidad del Ruso Zielinski y su cuerpo técnico en el Monumental. ‘Qué más les voy a meter a los jugadores’, me decía. La verdad, River tenía mucho más para perder. Fue una hazaña que nunca imaginé”, testimonió Arbulú.

“A los jugadores los consideraba unos compañeros más. Hice amistad con muchos de ellos. El Luifa Artime y Chiche Sosa fueron al cumpleaños de 15 de mi hija Carla. Fanática de Belgrano como mis otros dos hijos. Todos socios”, se emocionó. Es que fundó familia con Cristina, la cordobesa con la que tuvieron tres hijo. Roberto e Italo, los mayores. Este último hoy en Dinamarca, porque estudió Turismo. “Un hincha de Belgrano en la zona de los Piratas”, graficó.

Las páginas de Belgrano se recorren con épocas y futbolistas que pasaron por sus manos. “El más gracioso era el Tano Spallina, el más personaje el Perro Arbarello. Me impresionó todo lo que transmitía el Juanca Olave en un equipo de hombres donde estaban Ribair, Chiqui Pérez y Farré, que todavía está para jugar. Y el Mudo Vázquez, en su esplendor. A esos chicos los vi crecer, como a Renzo (Saravia), que me escribe desde donde esté. Y el Cuti Romero, hoy figura de la Selección y ahora en Inglaterra. Recuerdo que cuando se incorporó el chileno (José) Rojas le pregunté qué le parecía el plantel y me respondió ‘me encanta Romero, qué calidad tiene. Y el Cuti recién empezaba”, enumeró Arbulú.

Párrafo aparte para los amigos que le dio el fútbol: “El Pampa (Nelson) Rosané es de los más queridos. Un fuera de serie en todo. Jugó un partido con los ligamentos rotos. Otra muestra de guapeza fue la de Chiche Sosa, en la final con Aldosivi en 1998. Cuando terminó el partido me dijo ‘mirame la pierna que me arde’. Estaba desgarrado, y así había jugado”.

Con la bandera

A fines de julio el Concejo Deliberante de Córdoba homenajeó a Carlos Arbulú con una distinción, por iniciativa de los ediles Ricardo Aizpeolea y Armando Fernández, recibido por el vice intendente Daniel Passerini.

Daniel Passerini, vice intendente y Armando Fernández, consejal, junto a Carlos Arbulú al recibir su distinción.La Voz

“No me lo esperaba y es un orgullo. Mi agradecimiento a Córdoba por darme tanto en todo”, remarcó Arbulú, quien además es una especie de embajador en su Chiclayo natal, a donde lleva camisetas para “belgranizar” a los compatriotas.

“Belgrano es todo para mí. Cuando me muera será con envuelto en una bandera. No se que hubiera sido mi vida sin Belgrano”. Arbulú. Su ruta, su camino, lo trajeron a Alberdi.