De 3.000 concursantes, la cordobesa Alina Akselrad es una de las tres que quedó en carrera para ser Miss Universo Argentina, a fines de noviembre o principios de diciembre. E intentar ser la primera Miss Universo representante del país, en muchísimos años, en marzo próximo si la pandemia lo permite, al ser un certamen presencial.

No es lo único que distingue a Alina, de familia con orígenes rusos. En las pasarelas además de su hermosura, la impulsa la solidaridad, el deseo de difundir y promocionar la provincia y al país, y la convicción de cambiar los prejuicios y estereotipos sobre estos certámenes y las reinas de belleza.

“Vale más el contenido que el envase”, lo resume Alina al plantear su cruzada en Vía Córdoba. Con una frase en alto como bandera: “La belleza no se mide ni se pesa, se demuestra”.

A los 16 años años empezó a concursar. No como modelo, porque su concepto es otro. Ella intenta transmitir su personalidad más que lo que luce para la ocasión. Es locutora y trabaja en la inmobiliaria de la familia, mientras se ilusiona con ser Miss Universo y ubicar a Córdoba en ese firmamento.

“Cuando era chica sufrió la discriminación y sentir en carne propia la ‘cosificación’. Me decían gorda, por ser más corpulenta que las otras chicas, y notaba mucha maldad en las redes sociales, con críticas muy agresivas porque hay muchas personas arraigadas a lo tradicional, a que las reinas sean 90-60-90, delgadas y bonitas”, expresó.

Pero se opera un cambio. Una transformación que busca tanto como el cetro mismo. “Hay que tener fortaleza y saber discernir. No culparse por ser gorda o baja. No es fácil, pero mi intención es servir como inspiración. Ahora me siento valorada, las organizaciones apuntan más a una belleza integral, a lo que se transmite y a que pueda ser un agente transformador. La Miss Universo 2019 es Zozi Tunzi, una sudafricana que usa la cabeza rapada y rompe los moldes tradicionales. Ejerce un liderazgo y su mensaje es fuerte. La corona no hace a la reina”.

Además la distingue el espíritu solidario, acentuado en un 2020 marcado a fuego por el coronavirus y la crisis que ocasionó. Al comienzo de la cuarentena vio como surgía por las necesidades más básicas un comedor en barrio Ciudad Evita, fue junto a su madre Silvia a donar una olla y otros elementos, y se involucró. Hoy asiste al merendero De corazón a corazón, que alberga a 170 niños para la merienda de los martes y jueves, y la cena de los miércoles.

“Estamos juntando fondos para comprar unas chapas y techar el patio, porque hay que la cocina es a leña y funciona en el patio”, explica Alina, quien encabeza el proyecto social Tacos y palabras al poder.

Eran cursos presenciales, ahora en formato virtual, en los que se les da herramientas a las mujeres para aumentar la confianza y la autoestima. Empoderar a partir de valorar sus propias capacidades. En estas charlas recibe a modo de inscripción alimentos no perecederos, ropa y juguetes. O el dinero equivalente a la compra de cajas de leche, en una cuenta que figura en sus redes sociales. El próximo encuentro será a fines de noviembre.

“La idea es contagiar solidaridad”, sostiene en tiempos de pandemia. Y por eso lanzó en setiembre una línea de perfumes, “Alina luz”, cuyas ganancias son destinadas al merendero, a la Fundación Córdoba en acción (para personas en situación de calle), y a la Asociación Civil Vaso de Leche.

Y mientras se prepara y se ilusiona con ser reina, aspira a que en la provincia y en país visibilicen su deseo de promocionar en una plataforma internacional toda la industria que se mueve en torno a la belleza. No recibe apoyo, pero lo mismo irá detrás de un sueño. Ser una Miss Universo distinta. Como ella misma lo sintetiza: “Si me dicen ‘qué linda’, agradezco el cumplido. Y si me dicen ‘qué lindo lo que dijiste’ el halago me llega más”.