La conmovedora historia de un cordobés que se graduó de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, de manera virtual por la pandemia de coronavirus.


Roberto Ochonga tenía un sueño, desde muy pequeño sabía que quería ser contador y trabajó para lograrlo, a pesar de las diferentes adversidades. Hace días se recibió en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, de forma virtual, ya que las clases presenciales estaban suspendidas por la pandemia de coronavirus.

Roberto vendía verduras junto a su papá en un carrito, cuando ya entró en la facultad comenzó a trabajar como sereno. En un momento su papá se enfermó y parecía que todo se complicaría aún más, pero salió adelante y hoy ya tiene su título.

“Con mi viejo vendíamos verdura en un carrito a mano y una señora me preguntó qué quería ser de grande y le respondí: contador”, comenzó contando Roberto en una publicación de Facebook.

“Me queda ese recuerdo de seguir estudiando pese a todo, asistir a todas las clases, sonreír siempre que caminaba los pasillos de la facultad y la satisfacción de cada materia aprobada”, agregó en ese posteo.

El protagonista de esta historia dio declaraciones en la mañana de este miércoles y contó sus sensaciones. “Estoy muy contento y muy feliz de haber cumplido este sueño, por mí y por mi familia”, aseguró a Cadena 3.

“Yo le hacía los números a mi papá, cuánto vendía, cuánto no y me hacía una idea del número final de cuánto tenía que cobrar”, rememoró este hombre que dejó el secundario a los 16 años mientras trabajaba en una fundición. A los 19 retomó los estudios y se recibió a los 23.

En ese tiempo también trabajó como canillita. “Empecé la facultad trabajando como sereno e hice tres años muy productivos de la facultad. Después se me complicó con la enfermedad de mi padre y que varios de mis hermanos fallecieron, pero pese a la situación económica salí adelante”, comentó.

Pero para salir adelante entre todas estas dificultades, también se tomó tiempo para valorar la importancia de la educación pública, las becas y hasta el comedor de la UNC. 

“A la tarde iba a estudiar a la facultad y me guardaba pedazos de pan del comedor para comer a la noche. El comedor es muy accesible, casi gratis y toda la ayuda social que me han brindado, incluso desde chico, con pequeños regalos de cosas usadas que para mí eran nuevas”, concluyó.




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