Son las 16:48. Gastón Pauls (49) se conecta a la reunión por Zoom con Vía País desde su casa. El creador y conductor de “Seres Libres” (Crónica), el programa que aborda las adicciones a través de entrevistas e informes, tiene una lista de cosas claras para hacer. Agradecer el encuentro de ese preciso momento, es una de ellas. Es que la palabra “agradecido” se convirtió en la más usada de su diccionario, casi como si se hubiera transformado en una condición inherente a su persona.

Marcado por el dolor, el actor traza una tajante línea recta para describir su vida antes y después de las drogas: “Oscuridad o luz, desesperación o esperanza, muerte o vida”. Con la ayuda de su memoria intacta y detallista, recuerda cada característica del “infierno” que atravesó.

Hace ya un mes que lleva adelante su proyecto personal. Todos los lunes a las 22, Gastón Pauls habla frente a cámara con el objetivo de brindar un mensaje de esperanza a quienes transitan lo que él mismo ya padeció. “Trato de mostrarles que es posible. Demanda un gran esfuerzo pero es posible”, subraya sobre la recuperación.

Además, entre tanto testimonio crudo y sentido, el programa intenta alertar y prevenir a la población. Fabiana Cantilo, Andrea Rincón, Hernán “El Loco” Montenegro; Martín Fabio, más conocido como “El Mono de Kapanga”, estuvieron presentes y contaron su historia a Gastón Pauls.

-¿Cómo surge “Seres Libres”?

-Surge desde mi historia, mi experiencia, mi propia muerte en vida. Cuando uno consume, en realidad, se está matando diariamente. Esa etapa de mi vida fue la que me sirvió para, un día, sentir que por ahí no iba a llegar otro lado que no fuera la cárcel, el hospital o un cementerio. A partir de ahí empezó mi recuperación. En el programa trato de mostrar los dos lados con invitados, famosos, o no. Basándome en mi historia, trato de charlar con la gente con la que me encuentro.

Seres LibresFoto: Sergio López Isla

-¿Qué sentís al ocupar ese lugar tan empático y transformar tu dolor en ayuda para los demás?

-Lo primero que siento es agradecimiento. Yo podría no estar. Muchas veces estuve al borde de la muerte, todos los que consumimos estamos al borde de la muerte. Cuando uno pasa por esos horrores e infiernos y sigue vivo, tenés la oportunidad de darte cuenta de que estás vivo y agradecer esa vida. No querés que a nadie le pase, ni al peor enemigo se lo deseás. Entonces yo perdí tiempo y oportunidades, pero lo principal hoy es reconocer la oportunidad que tengo de estar vivo y pasar el mensaje. Si esto que yo hago o digo, o cualquiera de las personas que están en el programa dicen, le sirve a otro para no morirse e ir a suicidarse diaramente, el objetivo está cumplido. Ojalá todos se puedan liberar de esa esclavitud, ojalá todos empiecen a agradecer, disfrutar y valorar la vida.

Dar las gracias por estar vivo se volvió parte de su rutina, una actividad que practica cada día. “Si me olvido, trato de recordármelo aunque sea a la noche. A veces me levanto y digo “bueno, ya está. Estoy vivo”, relata el actor y prosigue: “Los seres humanos damos por descontado que tenemos el día siguiente asegurado. Eso no es una seguridad, eso es un regalo. Yo trato de reconocer eso, agradecerlo”.

El valor del tiempo, el estar vivo y disfrutar fueron las enseñanzas de aquel "infierno" de Gastón Pauls.Foto: Sergio López Isla

-¿Cuál fue la mayor enseñanza que te dejó ese pasado oscuro?

-El disfrutar esto, esta charla con vos mientras estoy viendo a mi perro y mi hija. La escucho hablar, el poder abrazarla, quedarme pensando en las cosas que quiero hacer, ver cómo mi hijo crece, escuchar cantar a mi hija. Los principales regalos que te da la vida y el estar agradecido. Son pequeñas cosas inmensas, yo trato de darme cuenta de que tengo que disfrutar todos los días con mis hijos. Ir a lo chiquito, volver a ser niños.

Valorar el tiempo y, sobre todo, el presente, también es algo que aprendió al salir de aquel pozo. “Estaba en recuperación, hace un par de años, y un día estaba mirando jugar a mi hija de unos meses en el piso y dije: ‘Soy feliz con lo poco que tengo que es mucho. No necesito algo más’”, señala Pauls.

Y agrega: “Me di cuenta de que yo ahí no necesitaba consumir nada, solamente observar a mi hija que es gratis, poder cantar con ella y abrazarla. Tenía poco pero era inmenso”.

(Instagram/@sereslibrestv)

-Aprendiste a disfrutar un presente que, imagino, no cambiás por nada.

-Ya por el consumo te juro que no. Paradójicamente parece que llena vacíos. Creemos que cuanto más tenemos, más somos; más comés o tomás, más sos, más feliz vas a ser, más suelto o desinhibido vas a estar. Es como que te tapa el vacío existencial. Yo a esta altura ya lo tengo claro: lo único que hace el consumo es agrandar el vacío existencial, el pozo, el agujero en el que uno se va metiendo, esa cueva en la que cada vez es más difícil encontrar la salida.

-¿Qué vacíos tenías cuando empezaste a consumir? ¿Por qué creés que llegaste ahí?

-Qué pregunta. Hay un vacío existencial que no tiene mucha palabra, es bastante abstracto. No sé si es “me llevaba mal con mi mamá, me llevaba mal con mi papá”, es como más heredado. Vendrá de otra vida, otro lugar que uno desconoce, una fuente energética que, para mí, gobierna el universo. Hay un vacío existencial que tiene que ver con la desconexión de la fuente. Creo que vamos al mismo lugar y al mismo lugar vamos. Cuando uno se desconecta de esas cosas lentamente, se agranda el vacío. El vacío va a estar siempre porque hay algo que como seres humanos queremos saber: “qué es eso, cómo es la cara de Dios”, no importa. Hoy lo que sí se es que cuando estoy en consonancia con la vida y la naturaleza, el vacío es menos grande y está todo más acomodado.

-¿Tenés fantasmas de ese pasado?

-Yo creo que sí. Están siempre ahí, el tema es si uno sale al algún lugar a asustarse con ellos. Sabés que están ahí y elegís ir por otros lados. En mi vida, a esta altura, voy por otros lados. No tengo ganas de volver, alguna vez escuché que la locura es cometer los mismos errores esperando resultados diferentes. Si yo ya sé que hay cosas que me van a llevar la vacío, al horror, al descalabro, al miedo, la paranoia... Bueno, tengo una sola opción: no abro esa puerta, abro otras. Abro la puerta para ir a jugar, no para ir a horrorizarme. Hay distintos cuartos en una casa, patios y jardines: hoy elijo el jardín. A veces no está divino y llueve, pero va a ser mejor que meterse en la habitación donde sé que están todos los monstruos que van a seguir estando. No creo que dejen de estar, el tema es si uno los alimenta o no.

-¿Recordás el momento en el que comenzó tu paso por la recuperación?

-Fueron varias decisiones, varios momentos. Pero hubo uno final que fue el que me marcó. Después de varias noches sin dormir, cuando uno ya no puede conciliar el sueño, no puede comer, no puede hacer nada, no puede ver gente ni abrazar a nadie, ni pedir ayuda: no te podés encontrar. Levanté la cabeza y pedí ayuda a Dios. No hablo de algo religioso sino espiritual, de darme cuenta de que solo no podía. Mi egocentrismo y demagogia me hacían creer que podía solo con todo. Es un hermoso gesto decir “no puedo, necesito ayuda” y levantar la mano. Es lo que hacemos todos desde niños. En la adultez nos cuesta pedir ayuda porque es un símbolo de debilidad.

-¿Vos aprendiste a pedir ayuda?

-A veces me cuesta. A veces soy un poco soberbio y pienso que puedo con todo y mis hijos me dicen: “Dale papá, pedinos ayuda”. Me cuesta pero lo voy logrando lentamente. Hoy ya lo sé y es una ventaja. Me gusta cuando la ayuda viene, cuando me animo y pido. Viene y me encanta, me siento querido y cuidado: es un gran regalo.

-Entonces no es símbolo de debilidad.

-Es todo lo contrario: solo aquel que se pierde, solo se encuentra: solo aquel que reconoce sus debilidades, comienza un camino de fortalezas. Me siento más firme hoy que reconozco mis dolores, mis imposibilidades y desconocimientos. Me alegra tener un montón de certezas que después las pongo en duda. Hay una canción de Fito que se llama “Ambar violeta” que dice que uno pasa buscando y perdiendo certezas, a mí me gusta eso.

El paso del tiempo es algo que recalca en la vida real y a través de la pantalla.

-En el programa repetís la hora a cada rato. ¿Cuál es el objetivo?

-La recuperación de los adictos es solo por hoy. Yo no estoy recuperado, los fantasmas están ahí: la cocaína esta ahí, como el alcohol y otras drogas. Yo tengo la opción de que tengo sano juicio para no ir en búsqueda de ellas. Es un trabajo segundo a segundo. Puedo decir “bueno, termino y me tomo un pase”. Entonces para recordarnos el valor del paso del tiempo y el valor de estar vivo, en vivo, seguramente estoy diciendo la hora y alguien está escuchando del otro lado, está viviendo la misma hora que yo y puede decir “él pudo y quizás yo también puedo”.

-En una oportunidad mencionaste que habías comenzado a consumir alcohol por diversión. ¿Qué le dirías a esos jóvenes que están en la misma situación con el alcohol o con la droga que sea?

-Que no dejen de divertirse nunca pero que analicen bien, que se despierten, que no los duerman, que no los idioticen, que no los droguen ni adormezcan, que no los anestesien, que analicen bien cuál es la verdadera diversión. Yo creí durante un montón de años que divertirse era tomarse una botella de vodka, y no vengo a bajarle línea a nadie ni decir qué hay que hacer y qué no, lo que digo es “ojo” porque seguro va a ser divertido un par de noches, el tema es que después se empieza a ver el lado oscuro de ese consumo y la risa deja de estar. Para el que consume cocaína, las primeras veces es glamoroso: no parás de hablar y te querés ver con un montón de gente. Pero todos los que consumimos, finalmente terminamos en el mismo lugar: encerrados sin hablar y de glamour no tiene nada. Estás arrastrándote por el piso. Lo mismo puede pasar con el alcohol. No estoy haciendo una campaña para que se prohíba. Quiero que la gente pueda brindar porque hay gente que no tiene problemas con el alcohol, el gran problema es que para los adictos, es el principio del fin. El alcohol es la puerta de entrada a casi todas las drogas.

-¿Qué te genera escuchar las historias de otros artistas, en el programa, y que vos viviste en carne propia?

-Me siento hermanado, acompañado. Siento que no estoy solo. Lo que a mí me pasó, le pasó a otro. Estuvieron en el mismo infierno que yo. El 99 % de las personas a las que les pregunté qué era el paco o la merca, me hablaron del infierno. Me dijeron “estuve con el diablo”, “es el infierno”. Entonces haber estado y salido del infierno, nos convierte en personas del mismo equipo que queremos llevar el mismo mensaje: “No entres”. No entres por esa puerta porque después te cortan el hilito. Vos creés que tenés asegurado el camino de vuelta del laberinto, pero al hilo te lo cortan adentro y ya no son las mismas reglas que afuera. Me siento agradecido con todas las personas que se sentaron a hablar conmigo.

“Necesitamos ver los recuperados”, recalca. “Y que no se muera ningún pibe más”, agrega Gastón Pauls, quien confiesa -con profundo dolor- que muchos de sus amigos murieron por el consumo.

La vida sumergida en las adicciones y la vida “limpia” están establecidas como dos líneas paralelas que jamás podrán juntarse. Por este motivo, se diferencian a toda costa. Pauls no olvida el calvario que padeció durante años. De hecho lo tiene muy presente. Y este es su impulso para llevar el mensaje a través de la pantalla a tantas personas.

“Es una obligación prestarle atención, responsabilidad y tiempo al asunto“, afirma el actor, con el deseo de que, cada vez más, su mensaje de una posible salida penetre y salve miles de vidas. “Nunca más esclavos. Seres libres”, cierra en su programa.