El mecanismo se repite una y otra vez y el deshonesto cae en su propia trampa.


Al principio todo es temor. Esa persona que cometerá una acción reprobable siente miedo pero luego, cuando demuestre que de esa acción poco ética se obtiene un beneficio personal, el mecanismo se repite una y otra vez.

El doctor Norberto Abdala abordó la problemática social de la corrupción este domingo en Revista Viva e hizo referencia a una investigación publicada en 2016 en Nature Neuroscience donde se describía a la persona que actúa de forma poco ética. “La falta de honradez es una parte integral de nuestro mundo social, que influye en dominios que van desde las finanzas y la política a las relaciones personales. De manera anecdótica, las transgresiones del código moral a menudo se describen como una serie de pequeñas faltas que crecen con el tiempo”, rezaba el artículo.

Según la investigación, cuando una persona comete por primera vez una acción reprobable, su amígdala cerebral se activará y sentirá miedo. Sin embargo, el siguiente acto no se registrará como amenazador ni alarmante por lo que la siguiente transgresión ya no será considerada como peligrosa por la amígdala. “A medida que se repiten estos comportamientos la respuesta de temor será cada vez menos intensa y, por lo tanto, las normas morales y éticas se van relajando, cambiando así su visión del mundo”, sostiene Abdala.

El mecanismo se repite una y otra vez y el deshonesto cae en su propia trampa.

Por lo tanto, el malestar psicológico se atenúa y desaparece el conflicto entre lo que se consideraba correcto y la forma de comportarse. Entonces, quien no se comporta acorde con sus principios y a su manera de pensar, con la repetición terminará pensando de la misma forma que actúa para silenciar a su Superyo o conciencia moral.

​Lo peligroso de las pequeñas acciones deshonestas que se naturalizan como normales, es que pueden desencadenar en un proceso que conduce a transgresiones mayores. Como a nadie le gusta ser catalogado de deshonesto, se suelen producir dos tipos de respuestas psíquicas tranquilizadoras: No se le presta atención al acto deshonesto, y se justifica pensando que “hubo una buena razón para hacerlo” o que “todo mundo lo haría”. Y sin ningún tipo de cargo de consciencia, la mente del deshonesto acepta así la trampa.


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