Su creador, Bruno Stagnaro, habló sobre el proceso de la serie y sus negociaciones con Netflix.


Okupas” fue una miniserie argentina que marcó el inicio de la tendencia de las ficciones marginales en la televisión y que supo retratar como pocos el profundo deterioro social que desembocaría en la Crisis de 2001. Este domingo cumplirá 20 años desde su lanzamiento y para su creador y director, Bruno Stagnaro, el universo que describe, lamentablemente, sigue siendo absolutamente actual.

“Era un momento en el que se percibía que de alguna manera íbamos a una especie de ruptura. Me hubiera gustado que 20 años después estuviéramos en otro contexto, y no en uno en el que esa sensación está tan presente de vuelta“, reconoce su director en charla con Télam, también realizador de “Un gallo para Esculapio”.

Bruno Stagnaro, creador de Okupas.

El día de su estreno midió 3.5 puntos de rating -una cifra casi inalcanzable para Canal 7, a excepción de la transmisión de los grandes eventos deportivos- y los televidentes se fueron sumando hasta que en su episodio final alcanzó los 6.7.

Con el protagónico de un muy joven Rodrigo de la Serna, en compañía de Ariel Staltari, Diego Alonso y Franco Tirri, la historia de un grupo de jóvenes de clase media empobrecida y sus aventuras con el mundo criminal, las drogas y la amistad ganaría al año siguiente tres premios Martín Fierro y tendría varias repeticiones en diferentes canales.

“Okupas”, la mini serie argentina.

Mientras trabaja silenciosamente en el desarrollo para Netflix de la adaptación también en forma de serie del clásico del cómic nacional “El Eternauta”, Stagnaro conversó acerca de sus recuerdos de “Okupas”, las razones de su vigencia y su rol como precursor del registro realista marginal en la TV argentina.

En diálogo con Télam explicó: “Siento que, si bien en la capa más superficial indaga mucho en el tema de la marginalidad, que lamentablemente sigue siendo absolutamente actual y vigente como temática, en el fondo habla de una búsqueda de un personaje particular. De su búsqueda de identidad y entender cuál es su lugar en el mundo, y cómo eso lo va arrastrando a situaciones problemáticas y se va metiendo en esta historia de amistad con estos otros tres personajes, como van conformando una familia postiza. Siento que esa es una temática que no está anclada a un momento particular sino que es bastante universal, humana atemporalmente, y en ese sentido también sigue muy vigente”.

Al ser consultado sobre la imagen de las “clases medias pauperizadas” que muestra la serie y por el hecho de que después de dos décadas el contexto parece muy similar, dijo: “Más que que me sorprende, me duele. Me hace sentir que estamos atrapados en una espiral cíclica. Veníamos de años muy complicados y esta situación de la pandemia por supuesto que complicó todo muchísimo más”.

“En mi percepción, el universo de “Okupas” de alguna manera es una derivación del universo de “Pizza”. Es cierto que en la tele es un registro que todavía no se había transitado y veo que después de eso se transitó hasta el hartazgo. Involucró indagar en un lenguaje que todavía no estaba presente en la tele pero que después, como todo en la tele, fue canibalizado, estandarizado y transformado en un mero producto. En su momento aportó bastante aire, pero en ese punto no siento que haya marcado un gran hito, porque en definitiva lo que sucedió es que la misma maquinaria televisiva terminó fagocitando la posibilidad de explorar lenguajes nuevos. Lo que hizo fue tomar ese lenguaje y explotarlo hasta agotarlo”.


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