Las negociaciones entre el Mercosur y el bloque europeo entraron en una etapa crucial. Hoy habrá reuniones decisivas para un entendimiento que se demoró 25 años. 


El canciller argentino Jorge Faurie decidió este jueves extender su estadía en Bélgica para avanzar con las frenéticas negociaciones tendientes a cerrar, de una vez por todas, un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Las conversaciones llegaron a una instancia crucial, en la que se trata de resolver los puntos que generan los mayores desencuentros.

“Nada está acordado hasta que todo está acordado”, advirtieron a Vía País fuentes de la Cancillería con acceso directo a las gestiones. La frase permite vislumbrar la fragilidad del terreno en el que se mueven los representantes políticos y los equipos técnicos que intentan ponerle fin a una negociación que se inició hace unos 25 años.

El presidente argentino, Mauricio Macri (2d, segunda fila) y su mujer, Juliana Awada (3d, segunda fila), posan junto a otros líderes mundiales durante la cumbre del G20 realizada en Osaka, Japón. EFE/ Prensa G20/Foto cedida

Atento a esa situación, Faurie postergó el vuelo que lo trasladará a Japón para participar en la cumbre del Grupo de los 20 (G20). El ministro de Relaciones Exteriores lleva varios días en Bruselas, la sede institucional de la UE, donde se centraron las más intensas discusiones entre los referentes del Mercosur y los comisarios políticos del bloque regional del Viejo Continente.

Algunos de los principales escollos que atentan contra el acuerdo de libre comercio radican en las posturas proteccionistas de algunos países europeos, como Francia, Polonia, Irlanda y Bélgica, que alertan sobre el impacto que podría tener en sus economías el ingreso de productos primarios, fundamentalmente los agroalimentarios.

Jorge Faurie, canciller argentino.(ONU)

“Tras varias reuniones de trabajo abordadas, nos encontramos en una de las instancias finales”, remarcaron integrantes de la comitiva argentina, que también lidera el ministro de Producción y de Trabajo, Dante Sica.

Un elemento que cambió radicalmente el clima y facilitó los acercamientos fue la manifestación conjunta que realizaron el viernes pasado siete jefes de Estado europeos para reclamar la constitución del acuerdo comercial.

“Es el momento de cerrar este acuerdo ante la amenaza del proteccionismo y otros factores geopolíticos que afectan a las exportaciones”, expresó la nota firmada por el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la canciller alemana, Angela Merkel, dirigida al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.

Ahora, los ministros y sus asesores trabajan a contrarreloj para despejar las principales dudas en el terreno técnico, antes de los encuentros bilaterales que los presidentes mantendrán hasta mañana en Osaka, en el marco de la cumbre del G20. Esa premisa determina el tono de las deliberaciones a puertas cerradas que realizan los cancilleres del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la comisaria europea Cecilia Malmström.

Quedará en manos de los Jefes de Estado apelar a la negociación política para cerrar los frentes que queden abiertos. Y tal vez, la mayor prueba para Macri será convencer a su par francés Emmanuel Macron.

“Desde el punto de vista institucional, el acuerdo implica avanzar en un proceso que nos lleve a ser reconocidos como un país de credibilidad internacional, instituciones transparentes, modernas y eficientes. Se trata de un camino muy relevante para que los productos y servicios de la región alcancen normas y estándares internacionales”, manifestaron en la Casa Rosada.

De concretarse, el acuerdo se produciría ante un “proceso de discusión interna” dentro del bloque regional, en el que se está “tratando de encontrar un sendero que resulte más confortable para el conjunto de los socios”. Así lo explicó a este medio Ricardo Rozemberg, economista especializado en comercio internacional e investigador principal del Centro de IdeAS de la Universidad Nacional de San Martín.

“Hoy los cuatro países discuten por los pocos acuerdos que tienen con terceros países, por la persistencia de las trabas al comercio intraregional y por el nivel y alcance del arancel externo común. De este debate seguramente saldrá la reafirmación del proceso integrador, su flexibilización o su profundización”, amplió Rozemberg.

Rozemberg analizó que el entendimiento tendría un impacto importante para el bloque regional porque “sería la concreción del primer acuerdo comercial de envergadura que posiblemente pueda incentivar la mayor inversión de capitales europeos en la región”.

“También sería un impulso para la consolidación de avances en aspectos de la agenda interna del Mercosur que se encuentra en stand by y que la negociación con la UE pone sobre la mesa. Por tanto y más allá del posiblemente poco impacto sobre acceso a los mercados, el acuerdo puede ser importante por sus efectos institucionales y sobre la inversión”, subrayó.

En línea, el analista internacional Jorge Castro destacó que el mayor beneficio se materializará a través de la llegada de nuevas inversiones. “Desde el punto de vista comercial no es muy relevante, pero desde el punto de vista de la atracción de inversiones sí lo es”, diferenció.

“Tanto para Brasil como para la Argentina, en el momento actual, es tan importante acordar con la Unión Europea como el contenido del acuerdo en sí. Hay que tomar en cuenta que el Mercosur no tiene prácticamente acuerdos de libre comercio con ningún país del mundo relevante. De modo que este acuerdo con la Unión Europea, lo que implicaría sería un aumento de las inversiones, principalmente europeas, pero además de las empresas transnacionales del mundo hacia los países del Mercosur”, insistió.

Los números indican que el comercio entre los países europeos y los del Mercosur se elevó en 2018 a casi 100.000 millones de dólares, con la balanza comercial ligeramente favorable a los europeos en unos 2.800 millones de dólares.

Por la corresponsalía de Buenos Aires.





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