La última novela del escritor argentino-chileno Ariel Dorfman fantasea con un Mozart obsesionado por descubrir un secreto entre Bach y Händel.


Tanto Bach como Händel son dos de los compositores más reconocidos en todo el mundo. Ambos vivieron en la misma época y muy cerca uno de otro, sin embargo nunca llegaron a conocerse. En esta última entrega de Ariel Dorfman, el autor plasma todo su interés y pasión por los compositores inculyendo a Wolfgang Amadeus Mozart como detective en busca de un secreto escondido entre Bach y Händel.

Mozart ha sido inspiración para infinidad de obras. Nannerl, por ejemplo, es una novela histórica de la italiana Rita Charbonnier que recupera la figura de Anna María, “Nannerl”, la primera niña prodigio de la familia Mozart y con quien Amadeus compartió sus giras de infancia. El libro deja entrever que ella tuvo una intervención decisiva en varias de sus composiciones.

(Foto:EFE/Jordi Pareto)

Por otro lado, Érase la música… Mozart, es un libro para los más chicos sobre Mozart que está muy bueno, y además de cuento y biografía trae un CD. Pertenece a una interesante colección sobre grandes músicos (Ed. Club Internacional del Libro), escrita por el francés Pierre Élie Mamou y con ilustraciones de Luis Doyague.

Allegro

Libro (Ilustrativa)

Ariel Dorfman FCE

Esta última novela de Ariel Dorfman (que ahora se edita en la Argentina pero data de 2015) nos presenta a un curioso Wolfgang Amadeus Mozart que, a la par de su extraordinaria labor musical, asume a sus nueve años y por pedido de un desconocido una inquietante misión detectivesca: descubrir cómo fueron, en verdad, los últimos días de Bach y Händel; otros dos figurones de la música que, además de haber nacido el mismo año –1685– y a pocos km de distancia, compartieron un final semejante, ya que ambos quedaron ciegos y murieron tras ser operados por un oculista británico llamado John Taylor. La gustosa trama de esta novela, que comienza durante una gala en la que el niño Mozart toca para nobles presuntuosos, se desarrolla entre sinfonías y enigmas hasta el revolucionario 1789, cuando este genio, ya adulto y próximo a su propia muerte, visita la tumba de Johann Sebastian Bach, en Leipzig, buscando una última señal, algo que lo ayude a develar el misterio que lo trastornó toda la vida.





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