Frescas o secas, las hierbas son aliadas incondicionales para darle un toque sofisticado a nuestros platos.


“Entre las frescas, siempre hay que tener perejil, que es muy versátil, y albahaca, con más personalidad. De las secas, las infaltables son orégano, tomillo, laurel y romero”, opina Karina Mariani, chef y docente naturista, a cargo de cursos sobre hierbas y especias (en Instagram @bioapasionada).

Para guardar las hierbas secas, recomienda colocarlas en un frasco oscuro, lejos de la luz y el calor. Las frescas, lavadas y secas, se conservan en la heladera hasta por una semana, envueltas en papel tissue y dentro de una bolsa perforada (dejando fuera la raíz, si la tuvieran). ¡También se pueden freezar! Cortalas, colocalas en una cubetera con agua y descongelalas antes de usar.

¿Cuándo incorporarlas en las preparaciones? “El laurel y el romero pueden ir al principio. El orégano y el tomillo frescos, a mitad de la cocción, pero si están secos van bien al principio. Las más sutiles (albahaca, perejil, eneldo, cilantro y ciboulette) van al final”, sugiere la especialista.

Verduras (123RF)

Cómo incorporar nuevos sabores

Cilantro, eneldo, ciboulette, salvia, menta… Hay infinidad de hierbas y cada una ofrece su toque especial. Si aún no las conocés, probalas primero con un alimento simple (una rodaja de tomate, un pan tostado o con queso crema). “Es interesante descubrirlas de ese modo e imaginar cómo podemos incorporarlas”, propone la chef.

Maridajes poco convencionales

Hierbas cortadas (PixaBay)

Cuando hacemos vegetales y hortalizas al horno, la chef recomienda darles un plus de sabor espolvoreándolos con romero picado mezclado con ralladura de limón o de naranja. Otro maridaje interesante se logra agregando un toque de menta picada al relleno de ricota de los canelones. El sabor explotará en boca de manera atractiva pero sin invadir.


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