A partir de experiencias realizadas en la capital chaqueña, destacan que son eficaces para retardar el escurrimiento de lluvias.


Un grupo de investigadores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) volvió a poner en el debate público, la necesidad de desarrollar los denominados “techos verdes”, ya no desde la perspectiva de la producción de hortalizas y verduras a escala doméstica, sino como un factor específico que ayude en el escurrimiento de las lluvias, cuando estas son de gran envergadura.

La inquietud inicial de este trabajo e generó a partir de los anegamientos ocurridos en el Área Metropolitana del Gran Resistencia en los últimos tres años, a partir de la caída de grandes precipitaciones. Se analizaron factores ya conocidos como el aumento de la impermeabilización del suelo asociada a la creciente urbanización, la baja pendiente natural del terreno y su localización en una zona de riesgo hídrico. Frente a ello, se puso en marcha un estudio experimental del efecto hidrológico de los “techos verdes” para su utilización en las ciudades que conforman esta zona (Resistencia, Fontana, Barranqueras y Puerto Vilelas). Los primeros resultados ya demostraron que son eficaces para retardar el tiempo de escurrimiento y amortiguar los “caudales picos” de las precipitaciones. Por lo tanto, se considera viable para morigerar los problemas relacionados con la creciente impermeabilización de las ciudades de la región.

Las “cubiertas verdes” de tipo extensivas son sistemas que se colocan sobre techos tradicionales para disminuir los efectos de la impermeabilización del suelo urbano, buscando laminar los hidrogramas de escurrimiento que se generan, aumentando el tiempo de escurrimiento y disminuyendo el caudal pico. Dichas cubiertas verdes están compuestas por varias capas construidas con distintos elementos, con características y propiedades diferentes, estando la capa superior constituida por un sustrato orgánico, de poco espesor, que permite el crecimiento de vegetación de bajo porte y por el que recibe su nombre.

Se realizaron 5 ensayos consecutivos, de 2 minutos de duración cada uno. En todos ellos se simuló una precipitación de 4 litros, sobre la superficie de 0,123 m2 y se midieron los caudales drenados. La misma operación se realizó sobre una cubierta plana impermeable (losa), para la cual se registró el hidrograma de escurrimiento directo. Posteriormente, se compararon ambos hidrogramas y se analizaron sus parámetros característicos: tiempo de base, caudal pico y el tiempo en el que éste se produce.

De acuerdo a lo observado, se registró una diferencia marcada. Mientras la cubierta de losa plana registró un tiempo base de 119 segundos, la cubierta verde registró un tiempo base de 480 segundos (es decir un incremento del 400%). Además, en la primera se dio un tiempo al pico de 11 segundos, en el techo verde este lapso fue de 30 segundos (es decir un mejoramiento de 273%). Finalmente en el registro de caudal pico, mientras en la loca fue de 81,8 centímetros cúbicos por segundo, en la cubierta verde fue de sólo 17 centímetros cúbicos por segundo (alcanzando así una reducción de 79,2%).

“Los resultados preliminares obtenidos mostraron un notorio efecto amortiguador y retardador del escurrimiento de este tipo de cubiertas”, resaltaron Jorge Pilar y Claudia Pilar, director y codirectora, respectivamente, del proyecto de investigación. Además, señalaron que si bien este tipo de cubiertas verdes es mencionado en numerosas publicaciones, no es fácil encontrar datos cuantitativos de sus efectos desde una óptica hidrológica, por lo que el proyecto concretado en la UNNE será un importante aporte en ese sentido.

Actualmente se está avanzado en una continuidad de la investigación, incorporando un simulador de lluvia y la utilización de otros tipos de variedades vegetales y diferentes pendientes de cubierta, cuyos resultados se están procesando. “Por lo expuesto, queda claro que los techos verdes constituyen una estrategia constructiva alternativa que redundará en beneficios ambientales, paisajísticos y también técnicos”, reiteró Jorge Pilar, quien además recordó que la Ciudad Autónoma Buenos Aires promulgó en 2012 la Ley 4428 de “Techos y Terrazas Verdes”, iniciativa que fue incluida posteriormente en el Código de Edificación de la Ciudad. También la ciudad de Córdoba promulgó una normativa similar en el año 2016, cuyos términos originales fueron flexibilizados por la oposición de los promotores inmobiliarios. Sin embargo, en la Región NEA aún no se han puesto en vigencia normativas similares, a pesar que ciudades como Resistencia han sido pioneras en el uso obligatorio de medidas no estructurales y de mitigación como parte del abordaje de la problemática del drenaje pluvial urbano.

Fuente: Departamento de Comunicación Institucional del Rectorado de la Universidad Nacional del Nordeste




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