La temporada comenzó hace un par de semanas, pero este año con ausencia de turistas. En las próximas semanas comenzarán a llegar a la zona pingüinos, elefantes marinos y orcas.


La temporada de avistaje del mamífero más grande que habita sobre el planeta comenzó hace un par de semanas, pero este año sin los barcos abarrotados de turistas a causa de la estricta cuarentena impuesta por la pandemia de coronavirus.

Ballena en Puerto Madryn.

Como ha sucedido en otras atracciones naturales alrededor del mundo, la ausencia de humanos alentó una mayor presencia de fauna silvestre y mejoró la preservación del medio ambiente. Sin embargo, tiene un alto costo para quienes viven del turismo, como sucede en Puerto Pirámides de la Península de Valdés.

Las ballenas “están felices”, admite  María Leoni Gaffet, presidente de la Asociación de Guías Profesionales de Chubut, pero “nuestra actividad está totalmente parada, no hay vuelos de cabotaje ni internacionales. La situación de muchos es desesperante porque el turismo es el único ingreso que tienen”.

El avistaje de ballenas es uno de los principales atractivos turísticos.

Puerto Pirámides tiene 200 habitantes y es el punto de salida de los tours para acercarse a las ballenas y otras atracciones de la Península de Valdés, sobre el Atlántico Sur. Si bien en la zona no hay casos de coronavirus, está completamente aislada ya que no se permite el ingreso de foráneos. Los locales de turismo están cerrados y las embarcaciones amarradas o en tierra.

La mayoría de los guías son monotributistas o freelance, por lo que no recibe un salario fijo. Sus últimos ingresos datan de marzo cuando terminó la temporada de verano y empezó la cuarentena. Sobreviven con ahorros o la ayuda del Estado a través de créditos a tasa cero y subsidio de 50.000 pesos (unos 77 dólares).

Ballenas en Chubut, esta vez sin turismo.




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