Así se lo manifestó a Vía, Lorena Bahía, quién acompaña en la enfermedad a su mamá hace 12 años en Punta Alta.


El 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, declarado por la Organización Mundial de la Salud, que tiene su sede en el hemisferio Norte.

El día fue elegido teniendo en cuenta que allí comienza el otoño, y se relaciona la enfermedad con el otoño de la vida, con las hojas de la memoria volándose y despojando a la persona de recuerdos, así como el árbol va quedando desnudo.

Pero en Argentina, coincide con el inicio de la primavera, y se diría entonces, que este día no se relaciona en nada con el Día del Alzheimer.

Lorena Bahía le manifestó a Vía que de todas maneras, en esta época florece todos los años con absoluta precisión, una flor pequeñita, de pétalos azul celeste como el cielo, ¿sabés cómo se llama esa flor?: “NO ME OLVIDES”.

Flor “No me olvides”

Continuó, “Por mi parte, teniendo una mamá que padece Alzheimer, y cuyo primer diagnóstico de deterioro cognitivo fue hace un poco más de doce años, puedo decir que es una enfermedad que afecta a toda la familia desde el primer momento. Desde el primer día, es difícil entender de qué está hablando el médico. Nadie conoce la enfermedad hasta que le llega a un miembro de la familia. No es como una gripe u otras enfermedades que todo el mundo conoce”

El diálogo con el profesional comienza así:

– ¿ Cómo se cura, doctor?

–  No, no se cura.

– Cómo que no se cura?, ¿qué le va a pasar a mi mamá?, y qué podemos hacer, ¿cómo ayudar?, no hay remedios?, ¿tratamiento?

– Sí, hay tratamientos. Pero no son para curar, son para atravesar la enfermedad con la mejor calidad de vida posible, que puede ser muy buena. Hay medicación para controlar los trastornos de conducta, de ánimo, de ansiedad, y para retrasar un poco el avance de la enfermedad, que en realidad sigue avanzando, no para, no vuelve a atrás. También hay terapias, psicológicas, físicas, adaptativas, conductuales, entre otras.

Lorena Bahía y su mamá

Lorena agregó, ” Y la mejor terapia: el amor. La paciencia y el amor. La comprensión y el amor. La fortaleza y el amor. El humor y el amor. La confianza en que todo puede resolverse con amor. Cada contratiempo del día a día. Cada nueva etapa, es como volver a empezar. Te acostumbraste a una cosa y aparece otra. ¿Vas a bajar los brazos? ¡Obvio que no!”.

“En la charla este viernes,  la psicóloga tocó un tema como para hablar mucho: el duelo. Uno pensaría que se trata de cuando llegue el momento final. Sin embargo, con el Alzheimer, cada etapa es un duelo. Un proceso que hay que elaborar. Cada situación que le toca atravesar a nuestro familiar es un volver a empezar”.

Lorena Bahía y su mamá

“Igual que con el primer diagnóstico: No entender, preguntar, aprender, no poder (o no querer) aceptar, la impotencia, la bronca, la desesperanza, respirar profundo, afrontarlo, poner adelante el amor, y seguir, arremangarse y a dar batalla. De repente surge algo nuevo, más dificultades: bueno, otra vez, aprender, respirar, siempre el amor, y seguir. Uno aprende a aceptar con humildad. Aceptar que, haremos lo posible, haremos lo mejor, daremos todo. Y, sin embargo, nada de lo que pase estará en nuestras manos. Aprendemos a rezar”, finalizó.




Comentarios