El aislamiento en Posadas ha ido mejorando con los días, con algunas jornadas de mayor desborde, como la que ocurrió el viernes en que mucha gente mayor salió para ir a los bancos.

Soledad Galeano y Matías Sotelo tienen un emprendimiento de ropa que se ha paralizado en la cuarentena. Los hábitos han cambiado para ellos, entre otras cosas porque se desorganizó su horario de sueño, pero tratan de hacer cosas que los mantengan activos.

Del encierro lamentan no desarrollar su trabajo y que existan personas que no respetan el aislamiento perjudicando a todos. Soledad y Matías trabajan free lance en redes, extrañan la rutina del trabajo: "estamos durmiendo muy mal".

La pareja realiza actividad física para mantenerse "bien arriba", pero estiman que ya llevan unos 4 o 5 días más de cuarentena, porque se encerraron antes. Los alarmó el contacto con amigos en España, que les informaron cuan grave es el coronavirus.

El periodista Emilio Juri extraña la redacción, pero desarrolla su trabajo según las consignas que le envían desde su medio. Mantiene la rutina, aunque su trabajo matutino en otra empresa no requiere de su presencia durante la cuarentena pues la tarea que desempeña no puede suplirse vía online.

Emilio vive solo hace unos 10 años desde que enviudó, por lo que está acostumbrado a la soledad de su departamento. En cuanto a los gastos mantiene una rutina horaria y de alimentación, por lo que no se incrementaron en demasía.

En lo laboral continúa activo en Misiones Online desde su casa, sin necesidad de trasladarse a la redacción. Echa de menos ese intercambio diario en la redacción y se maneja por WhatsApp y correo electrónico.

En cuanto a los hábitos, salvo su costumbre de caminar, ha acentuado su hobby del dibujo, pues aunque muchos en Posadas no lo saben (solo conocen su faceta periodística) es un avezado y talentoso caricaturista. Por lo demás, lee mucho, saborea alguna película y confiesa que su aislamiento habitual le hace más llevadera la soledad.

Victoria Ramírez, una joven mamá de tres niños (uno en tercer grado, una nena en salita de 5 y el más chico en salita de 3), contó que días antes de la cuarentena obligatoria, ella y su marido fueron a un mayorista y realizaron una compra grande para la salud. Presintieron que se venían días difíciles y priorizaron la familia.

"Solo salgo al kiosco de acá enfrente y no salimos desde que comenzó la cuarentena", contó. Su marido tampoco ha tenido necesidad de salir, porque el hotel donde trabaja está inactivo por la cuarentena.

Para los niños, con el más grande trabaja en la tarea que le envía su maestra y miran cosas de la Plataforma Guacurarí del gobierno misionero. La nena de sala de 5 requiere actividad acorde a su edad y Genaro, el mayor, se conecta todos los días a las seis de la tarde a Inernet para realizar sus ejercicios de taekwondo como los indica el sabon.

En cuanto a los hábitos, se pusieron de acuerdo los esposos en mantener una cierta rutina que acostumbre a sus hijos. No quieren que cuando finalice el aislamiento les cueste retomar su rutina de levantarse temprano y comer a horario. Con su trabajo que cumple desde su casa, Victoria le dedica el mismo horario laboral, con igual cantidad de horas para la empresa Gigared, donde trabaja hace muchos años.

"Estamos gastando menos", confesó porque hicieron una compra previa en mayorista. Y solo suman gastos mínimos como la leche, el pan. Y las salidas son para esas compras y para sacar la basura.

En los hábitos, el aislamiento les permitió planear cosas como mirar una película junto a los hijos. Agradece tener un patio donde compartir con los chicos. Y lamenta "no sociabilizar", la falta de contacto con su familia y los amigos.

Victoria tiene su familia en el interior, a la que está acostumbrada a ver menos. Pero, en medio de la pandemia, tiene mayor necesidad de la videollamada "de verte, de ver cómo estás realmente". Le parece que no le alcanza con ese abrazo virtual de sus seres queridos, pero hace frecuentes videollamadas.