Gastón Ábrego es mendocino, cumplió 29 años en enero y desde hace 11 días está internado con coronavirus. Hace unos días, luego de salir de la etapa más crítica de su internación -según él mismo relató-, compartió en su cuenta de Twitter lo doloroso y angustiante que han sido estos días para él; y lo hizo con una única intención: concientizar, y advertir que ni la pandemia ni lo peor de ella han pasado todavía. “Yo solo quería contar mi experiencia. Esto para mí no pasó aún. No sé cuando acabe, pero tengo esperanza”, detalló el joven en uno de los tuits que integran el hilo donde compartió su impactante experiencia; y que él mismo tituló como “Crónica Covid”.

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“Ha sido un drama que me va a marcar. Mi padre falleció de Covid en octubre pasado. Estar ahí (NdA: en terapia intensiva) hizo que me pusiera en su lugar. Desde que lo aislaron en su casa nunca más lo volví a ver. Mis hermanos se lo llevaron al hospital y nunca más salió. Cada hombre que vi morir ahí, fue una parte de él a la que pude darle forma. La peor de las formas, pero que hoy siento que necesitaba para darle el duelo que nunca pude darle. Un día sin más desapareció, y eso fue todo. Solo pude ver su cajón desde la lejanía. Su tumba lleva su nombre, y hoy su tumba tiene más sentido para mí. Quisiera poder haber estado, ahí pero el universo conspiró para que no fuera de esa manera y sí de esta. Lo extraño, y desde que entré al hospital, vi un poco de él acompañándome”, detalló en el dramático relato.

“Quería contar esto para sacarlo de mí, y dejar en el mundo un testimonio de lo que sentí. No me contagié por descuidarme, sin más. No pensé nunca individualmente, sin más. Pasé por la experiencia de perder a alguien y seguí cuidándome. No entiendo en gran parte cómo se contagia. Sólo creo que este virus nos viene a mostrar algo: lo simbólico estará siempre por encima de los tiempos y de las adversidades. Solo está en nosotros descubrir qué nos viene a mostrar, el drama que nos atraviesa, darle espacio y superarlo. Gracias por leer”, agregó el joven al final de su emotivo relato.

Con la muerte a su lado

Durante todo el relato, Gastón repasó el día a día desde que le confirmaron que tenía coronavirus, así como también su respuesta ante la enfermedad en los diferentes momentos. Fue el 4 de abril cuando comenzó con los síntomas y el 6 se hisopó para confirmar lo que ya era prácticamente un hecho: tenía Covid-19.

“Toda esa semana mi salud fue decayendo. El martes 13 me empezó a faltar el aire y asistí a el hospital. Fui al Hospital Central de Mendoza, fue una suerte haber llegado cuando la ola aún no estaba creciendo. Me atendieron bien y rápidamente me estabilizaron”, reconstruyó el joven, quien actualmente está internado en el Centro Integrador Comunitario de Beltrán, Maipú (uno de los espacios que se han ambientado para hospedar a pacientes positivos durante la pandemia).

“Nunca pensé que con 29 años esto se iba a complicar tanto. Quedé internado con máscara y una tomografía mostró que tenía neumonía bilateral. Mis pulmones ya no respondían, se los comía el Covid. Yo, que hace un tiempo podía correr kilómetros sin más; hoy envejecí 20 años. Pasé por mucho en el lapso de estos casi 9 días. Entre ello, no poder dormir por la falta de aire o porque la gente se moría a mi lado”, agregó en medio de tanto drama.

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En el escrito, Gastón Ábrego destaca cómo vio morir a dos pacientes mientras estuvo en el sector más crítico; y la reconstrucción es escalofriante. “Una noche, después de dormir una hora, sentí mucho movimiento a mi lado. El señor de la cama de al lado se estaba ahogando y las enfermeras lo estaban salvando. Todo fue en vano, dejó de respirar y nunca pudo llegar a terapia. No había lugar y su neumonía avanzo muy rápido”, rememora sobre el primero de estos episodios; y deja en claro que los médicos y enfermeras del hospital hicieron todo lo que estuvo a su alcance -y más- para asistirlo.

Al quinto día de internación, Gastón fue trasladado a otra sala de la Terapia del Central; y allí fue cuando estuvo, por segunda vez en cuestión de días, cara a cara con la muerte. “Me llevaron a la sala 8 con otros dos pacientes. Uno estaba bastante bien, y el otro mal; la misma situación: en la tarde delicado pero consciente, y en la noche complicado. Me despertó el ruido de la bolsa mortuoria. Fue lamentable, fue estar frente a frente con la muerte. El señor de unos 60 años en la tarde había estado mandando unos audios -con esfuerzo, por lo que la enfermera le dijo que no hable y apague su celular-, y él le hizo caso. Y su celular nunca más se prendió”, continúa, y conmueve.

“Fue difícil no llorar frente a todo ese clima de desesperación y abandono; no pude mantenerme a salvo de los pensamientos negativos. Incluso, cuando me venían a sacar sangre, pensaba en ese dolor tan impresionante de la aguja atravesando como para regresar a la batalla. Cerca del final de mis días en ese hospital, el doctor me avisa que me iban a trasladar. Me dio una explicación del por qué: estaban colapsados y yo estaba evolucionando. Me sentí aliviado, me dieron más ganas de salir de ese infierno”, agrega Ábrego.

Ya en el CIC reacondicionado de Beltrán, Gastón sintetiza que se siente “en un universo paralelo”.

“No es un hotel, pero tengo paz. El clima ha cambiado y me ayuda un montón. Sé que todo sigue colapsado y no hay mucho ánimo; pero desde que llegué acá empecé a vivir de nuevo. Volví a dormir mejor. Ya no hay ruidos de camas moviéndose o gente corriendo; los médicos entran serenos y me controlan en el día. Estoy bien y mi mente está mejor”, concluye el joven.