Son madres y con varios hijos que a su vez las hicieron abuelas, son amas de casa y trabajadoras. Son mujeres que llevan adelante sus vidas familiares y laborales como tantos millones de argentinas pero también se hicieron tiempo paras disfrutar de esa vida al máximo, y nada mejor que hacerlo en dos ruedas.

Marita dio el primer paso y se plegaron Rita, Lourdes y Roxi. Ellas son parte de un grupo que unió, por ahora, a siete damas, y también un caballero, que descubrieron el gusto por las motos y la pasión que las inundó las llevó a dar conformar “Calaveras & Catrinas”, una banda tan llamativa como el nombre elegido para ella.

Para María Ester Irrazabal (Marita), madre de cinco hijos y la principal impulsora, las motos cumplen una doble función: por un lado, los utilizan para trasladarse y salir a trabajar; por otro, representan un modo de vivir experiencias únicas cada vez que aceleran en la ruta.

El origen del grupo fue en la peluquería de Marita, en Guaymallén. Allí, algunas clientas que llegaban en moto solían ponderar la Motomel Custom 150 que estaba estacionada en la puerta.

Es que el esposo de Marita, Julio Gutiérrez -alias “Calavera”-, también atrapado por la misma pasión, empezaba por ese entonces a modificarla y a incorporarle el color rosa como distintivo. Así, no había quién no se detuviera a contemplarla.

Lo cierto es que fueron sumándose de distintas maneras. Algunas, incluso, a través de las redes. Y así fue que concretaron su primer paseo oficial en 2019. De a poco el grupo se fue afianzando y las experiencias comenzaron a ser cada vez más enriquecedoras. “Entre risas, nos bautizamos Calaveras & Catrinas, y hasta tenemos un logo que nos identifica. Estamos esperando que la Federación lo autorice”, señala la peluquera.

Marita comenzó con una Motomel que cuando la compró estaba muy deteriorada.

De a poco la fueron reparando y agregando un sello propio. “Siempre amé las motos, pero jamás había imaginado llegar a tanto”, recuerda. Insistió con el rosa del rodado y hasta se tiñó del mismo tono un mechón delantero de su pelo. Hoy, asegura, no hay quien no se dé vuelta a mirar el combo completo. “Tengo muchísimos fans”.

Antes de la cuarentena, el grupo estuvo a pleno y comenzaba a “desplegar sus alas”. Porque ser motera es, precisamente, eso: “tener alas a través de las ruedas y una libertad difícil de describir”.

En caravana y con su bandera, viajaron a Tupungato, San Martín, Rivadavia y ahora planifican los destinos de San Juan y San Luis. En general, viajan los domingos. La cuarentena fue un problema. “Estábamos enloquecidas por salir y estaba prohibido. Recién ahora retomamos”, confiesa.

A los 63 y “a fondo” en la ruta

Rita Cano tiene 63 y admite que encontró una forma de vida diferente. Posee una Key Rk 150 que está empezando a adaptar para viajes más extensos.

La cuido como oro porque es mi medio de trabajo y agradezco haber ido a la peluquería, el punto de encuentro y donde conocí a las chicas”, recuerda. Insiste en que su vida cambió y que se siente “espectacular” desde que proyecta viajes y paseos.

El grupo es excepcional, representa para mí mucho más que andar en moto porque lo integran grandes personas con quienes compartimos mucho. Pienso seguir hasta que el cuerpo aguante”, anticipa. “¿Qué siento a bordo de la moto? Una libertad difícil de describir con palabras”, señala.

Roxana Morales tiene una Gilera 150 y se ríe cuando cuenta que algunas veces la mandaron “a lavar los platos”. “Pero yo no hago caso, nunca me sentí discriminada ni maltratada”, cuenta, para agregar que su marido, sus hijos y nieto no son amantes de las motos, pero respetan esta pasión.

“Roxi” suele ir por la ruta desbordada de felicidad. “La levanto a 120 y hasta yo me sorprendo. Me siento libre, dueña de la ruta”, dice.

Hombres y mujeres interesados en participar de Calaveras & Catrinas pueden acercarse e integrar este grupo que trasciende Mendoza. Los teléfonos 2615060205 y 2616993239.

*Este texto fue publicado originalmente por Los Andes. Se reproduce aquí con la autorización correspondiente.