El padre Vicente Martínez Torrens, capellán del Ejército Argentino, entró en las islas el 3 de abril y se fue luego de la rendición. Llegó a celebrar ocho misas diarias y veló porque la bandera del Regimiento Infantería 4 de Monte Caseros no cayera en manos enemigas.


Pertenece a la orden de los salesianos y su origen es español. De muy chico llegó al país cuando toda su familia se radicó en Río Negro. A los 30 años se ordenó sacerdote y se perfeccionó en la educación. Fue también paracaidísta y capellán del Ejército. Y por ese motivo, a los 42 años fue el primer capellán en llegar a Malvinas y el último en dejarlas tras la rendición.

El 2 abril de 1982, con 42 años, se encontraba dando clases en el Colegio Domingo Savio del Barrio Pietrobelli de Comodoro Rivadavia, cuando le comunicaron que tenía que partir rumbo a las Malvinas. Al día siguiente ya estaba en las Islas.

Padre Vicente Martinez Torrens, ex capellán castrense

Recuerda que fue muy duro evangelizar en Malvinas: “ocho misas diarias, así lo requerían las necesidades pastorales para cubrir el diagrama. Era una necesidad de toda persona que vive una situación límite. La necesidad de aferrarse a Dios. En una oportunidad me crucé con una Unidad de Artillería que cambiaba de posición y en medio de una torrencial lluvia me exigieron que les celebrara la Santa Misa y les diera la Comunión. Se sabía que esa noche iban a ser atacados con cañoneo naval y no habían tenido tiempo de cavar los pozos de zorro como refugio. Debían descansar a campo abierto. Me decían: ‘si morimos queremos morir en Gracia de Dios‘. Más que un tema, les daba los principios rectores de nuestra fe: ‘Dios no se deja ganar en generosidad. Si nosotros lo adoramos como merece El cuidaría de nosotros y la Virgen nos protegería. No nos salvamos por ser bautizados sino por llevar una vida de bautizados’. Demás está decir que en la zona del aeropuerto, confiada a la defensa del Regimiento 25, tiraron más de 120.000 kg. de explosivos y no tuvimos una sola muerte. Los valores de Dios, de Patria y de familia fueron los factores que mantuvieron al máximo los actos heroicos tanto de cuadros como de soldados. Uno de ellos al rezar el rosario puso esta intención: Para que mis padres comprendan el por qué muero’.”

Padre Vicente Martinez Torrens, ex capellán castrense

Por supuesto siente que fue muy dificil, ya que no era un hombre de batalla sino que estaba acompañando a los soldados en nombre de Dios. Por lo que siempre sintió que cada día podía ser el último. Por miedo, se volvió cauteloso pero también siente que la gratificación pastoral que le brindó la guerra fue haber sido el instrumento para que la bandera histórica del Regimiento Infantería 4 de Monte Caseros (Corrientes) que participó en las batallas del “Sitio de Montevideo”, Tupiza, Los Pozos, Juncal, Estero Bellaco, Tuyutí, Humaitá, Lomas Valentinas, Guerra del Chaco y Malvinas, no cayera en manos de “ningún vencedor de la tierra”. De ahí toda la estrategia que armé para evadirme con ella y traerla en el Buque Hospital hasta el continente.

Sigue en contacto permanente con los excombatientes que volvieron de la guerra: “doy por bien gastada mi vida si logro salvar una vida del suicidio, fruto del estrés postraumático de la guerra“, reflexiona el religioso.

Se muestra muy positivo ante los desfiles con veteranos, con el reconocimiento que van teniendo cada uno en todo el país, aunque lamenta que la mayoría de las veces la reivindicación fue por esfuerzo propio y no por la parte gubernamental que, tardíamente, sólo se ha conformado con ofrecer plata.

“Malvinas es causa nacional. Debe ser política del Estado y debemos empezar a defenderla desde la enseñanza escolar”, enfatiza con orgullo.

Tal como estaba previsto, el capellán de la catedral de Roca viajó como uno de los representantes hacia el Vaticano y de allí acompañó a la virgen de Luján en su recorrida hasta llegar a la ciudad de Buenos Aires.




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