Continúa el ciclo de muralismo para seguir interviniendo artísticamente distintos rincones del departamento. Esta vez fueron Mariana Pelichone y Ludmila Dana, quienes le dieron vida a dos paredes vacías que hoy lucen flores y plantas de colores.

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Las guaymallinas con sus pinceladas compusieron paisajes naturales que revitalizan un sector transitado del distrito San Francisco del Monte.

Uno de los murales está ubicado justo en el cruce de calles Urquiza y Gutiérrez, recuperada recientemente, donde predominan cactus y suculentas. La idea fue representar parte de la flora autóctona de la provincia, característica de las zonas montañosas.

El otro se encuentra en el paredón que costea la plaza del barrio El Terruño, con ingreso por calle Urquiza. Es de mayor dimensión y en él los girasoles también comparten escenario con cactus y demás especies.

En ambos casos, las artistas dejaron de lado los bocetos para que el diseño fuera creciendo a su propio ritmo, igual que un jardín. Fusionaron sus estilos, su imaginación y creatividad con una paleta de colores en tonos verdes y flores contrastantes, que ahora acompañan a los visitantes y vecinos del lugar en sus tareas cotidianas.

La capacidad transformadora del arte no solo posibilita que una pared gris se transforme en una fotografía pintada a mano sino que evita el vandalismo, favoreciendo su conservación.

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Además, permite que la comunidad pueda conocer y valorar a los hacedores de la cultura local; y devolver la belleza a puntos vacíos, a aquellos que lucían arruinados por el desgaste del tiempo.

Dos artistas Guaymallinas dieron vida a unos murales con su arte.