Egaña y los misterios de su famoso castillo

por Agustina Devincenzi

En un pequeño pueblo cerca de Tandil, se alza el Castillo San Francisco, conocido también como Castillo de Egaña. Un pasado de muerte y mitos rodean a este palacete legendario que supo tener su momento de gloria.

Miá el capítulo Egaña de la miniserie Historias y leyendas de los pueblos de Argentina

Un cartel escrito a mano da la bienvenida a los viajeros que llegan a Egaña, un pequeño pueblo situado a 25 kilómetros de la localidad de Rauch en la provincia de Buenos Aires, en el que solo viven 50 personas, según datos de la municipalidad.

Durante décadas, Egaña fue uno de los puntos de conexión más importantes de Buenos Aires. A su estación ferroviaria, llegaban pasajeros a bordo del tren que se dirigía a Tandil. Hoy, en esa misma estación, apenas quedan dos bancos de plaza que aguardan la llegada del tren de carga dos veces por semana.

En la actualidad, los visitantes que llegan a este parate lo hacen principalmente con otra finalidad. Buscan conocer una de las joyas arquitectónicas más antiguas del país que guarda este sitio, una reliquia que vivió su esplendor en los años ‘30: el Castillo San Francisco, también conocido como Castillo de Egaña.

Los misterios del castillo San Francisco en Egaña.

La ecléctica mansión, una estructura de tres pisos rodeada por un parque, fue emplazada entre 1918 y 1930 en medio de un monte que la mantiene oculta hasta casi el momento en que se está frente a ella. La mayoría de la población desconoce sus misterios, famosos entre los habitantes de la zona.

Sergio Bilbao y Daniel Burg, vecinos de Egaña y miembros del grupo “Por la reconstrucción”, que trabaja en pos de la conservación del lugar, fueron los guías locales que recibieron al equipo de Vía País, que recorrió 227 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires para desentrañar las leyendas que esconde este palacete abandonado. La travesía forma parte del proyecto Historias y Leyendas de pueblos de Argentina, que busca difundir historias secretas de distintas poblaciones, a lo largo y ancho del territorio nacional.

Los misterios del castillo San Francisco en Egaña.

La leyenda del castillo

El arquitecto Eugenio Díaz Vélez, nieto del prócer Eustoquio Díaz Vélez, estuvo a cargo de la ejecución del ostentoso caserón. Cuentan que el terrateniente pasaba sus días entre su casa de Barracas –ubicada en el terreno donde se encuentra ahora el Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, popularmente conocido como Casa Cuna– y de viaje por Europa, desde donde enviaba buena parte de los materiales para la construcción y traía novedosas ideas.

Cuando llegó el día de la inauguración, todos aguardaban ansiosos al anfitrión con un gran banquete. Pero él nunca llegó y el telégrafo anunció la noticia menos esperada: Díaz Vélez había fallecido en su residencia porteña. “Cuando su mayordomo lo fue a despertar, se dio cuenta de que estaba muerto”, explica Bilbao.

Al enterarse del trágico e inoportuno suceso, poco a poco, los invitados partieron, dejando intactos los preparativos para la fiesta. Ni siquiera levantaron la mesa y los objetos permanecieron en su lugar durante un tiempo largo. Es que su mujer y su hija, la única heredera, ordenaron cerrar la construcción.

Los misterios del castillo San Francisco en Egaña.

Nelly, una reconocida vecina del pueblo, recuerda que en su infancia solía ir a jugar a los alrededores del castillo y mirar a través de una reja los vestigios de lo que fue la frustrada cena de inauguración. “Los vidrios de la ventana estaban rotos y se llegaba a distinguir lo que había en su interior. Veía la mesa puesta con los platos y las copas”, afirma la señora.

En 1960, la propiedad pasó al Estado, y, luego de 30 años, sus 77 habitaciones, 14 baños y dos cocinas vieron nuevamente la luz del sol cuando se convirtió en reformatorio. Se hicieron adaptaciones acorde a las necesidades de los nuevos habitantes, perdiendo parte del estilo original.

Pero la mansión fue escenario de otra tragedia. Hacia finales de los años ‘70, un joven internado esperó al encargado del edificio, el padre de Burg. Lo interceptó y lo mató de varios tiros. “Era como un hijo para él y prácticamente un hermano para mí”, reconoce el lugareño, lamentándose.

Los misterios del castillo San Francisco en Egaña.

El hogar bajó sus persianas luego del hecho, pero las leyendas empezaron a crecer de boca en boca, año tras año, abarcando fantasmas y espíritus errantes entre sus muros. “A raíz de estas situaciones, se realizaron investigaciones y se encontraron acontecimientos paranormales”, explica Bilbao, a lo que Burg agrega: “Hace un tiempo, vinieron estudiosos que se contactaron con mi padre mediante equipos tecnológicos que ellos trajeron, luces y palabras escritas en las paredes. Incluso, en una ocasión, escuché cantar a una mujer cerca de la tranquera, cuando no había nadie allí”.

“Hay gente que ve al pueblo como algo fantasmal. Y hay gente a la que le transmite una sensación de paz y tranquilidad, y se va relajada”, concluye Bilbao.