La buena madera de la que están hechos los cordobeses le permitió a Luciano volver pronto a poner en funcionamiento su carpintería, que había sido vaciada por los delincuentes, en un hecho delictivo más que queda impune en la provincia de Córdoba.

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Tras el asalto de su local, Luciano se enfrentó a la dura realidad de verse obligado a cruzar los brazos, pero la solidaridad de quienes conocieron la historia lo ayudó a ponerse de pie: “Estoy volviendo de a poco a trabajar. Con gente verdaderamente solidaria que me prestó maquinas, otras que me han regalado y otras que pude comprar”, relató a radio Suquía.

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“Me cortaron las manos”, fue su reflexión desesperada luego del asalto a su vivienda de barrio Altamira, pero hoy Luciano, su mujer y dos hijas están de nuevo donde deben estar: en la senda del trabajo, en la lucha.