Pastores de la pelota: la intimidad del plantel de Medea



Fieles. La mayoría del plantel se formó en el club y muchos asisten al culto evangélico. No toman en serio las cargadas y llevan el testimonio.

Por Jorge Nahum.

Con su ascenso a Primera, Medea ganó respeto en el fútbol cordobés. No fue un camino fácil y en muchas canchas el equipo fue menospreciado y objeto de burlas.

“El que no salta es un mormón” nos cantaban los hinchas de los equipos rivales, rememora Franco Valdez, el enganche del Tricolor que se recupera de rotura de ligamentos en la rodilla. Jugó en Racing de Nueva Italia y en Huracán, eligió Medea porque desde los 14 años (tiene 23), se congrega en el culto. De aquellas chanzas, incluso de otros jugadores (“te vamos a acusar con el cura”, nos decían”, asegura Valdez), la menos ofensiva era que los llamaran “los pastores”.

Y el enganche lo asume: “Llevamos a la cancha el testimonio de que Dios cambia. Queremos ayudar al semejante, a los chicos que son víctimas de la droga, del robo, de la violencia. Demostrarles que hay otra vida”, remarcó.

Sergio Tarcayo lo escucha con atención y comparte. Es el volante central y también se congrega en el Ministerio, como el volante por izquierda Jeremías Rodríguez, parecido a Ángel Di María no sólo por el puesto en la cancha.

“Entrenamos cuatro veces a la semana y siempre lo hacemos con una oración. El día del partido, los jugadores que nos congregamos lo hacemos de rodillas en el campo de juego. Le pedimos a Dios que nos cuide a los jugadores de los dos equipos, que ninguno salga lastimado. Muchas veces, si el equipo rival quiere, la oración la hacemos en conjunto”, explicó Tarcayo, quien más allá de ser un volante metedor se jacta de que nunca lo expulsaron en su carrera. Y también de que concurre a Medea “de nacimiento” y que es locutor en la FM del Ministerio.

La buena conducta es general y Jeremías Rodríguez lo destaca: “El respeto es lo principal. Hablamos muchos con los compañeros, cosas de la vida, y tenemos una casita de oración llamada El buen atleta”. Los tres son referentes de un plantel en el que varios no comulgan con la misma fe. Sin embargo, el grupo es muy unido y se refleja en los vestuarios.

“No escuchamos música antes de los partidos, ni siquiera por cábala. Preferimos charlar. De todo un poco, también de chicas porque algunos compañeros tienen hermanas muy lindas”, coinciden.

De todo en la viña del Señor. Gastón Godoy, alias el Negro de la Marta, hace reír a todos con sus imitaciones del técnico y de Pascual Noriega. Otro valor del equipo es el zaguero Jorge Jaime, quien además maneja un remis desde 2008 y hace reír a todos con la anécdota de cuando se perdió en Marquéz de Sobremonte. “Eran como las tes de la mañana y seguía dando vueltas porque me daba vergüenza pedir ayuda por la radio”, confesó.

Rodrigo Díaz también es un personaje. Delantero de área y albañil de oficio, hincha de Belgrano, venía a entrenar desde el barrio de enfrente y saltaba la tapia del club para no dar toda la vuelta y llegar tarde. Todos, sin distinción, se reú- nen para la oración, con toda la fe en el objetivo de ascender.

“En varias canchas había que poner la otra mejilla”

CONDUCTORES. Mario Álvarez tomó la dirección de Medea y armó una dupla con Fernando Roatino. Los dos conocen la dureza del ascenso en la Liga Cordobesa y sabían que obtener el título era una cruzada.

“En varias canchas había que poner la otra mejilla. En Los Andes, por ejemplo, todo fue muy hostil. En el precalentamiento los jugadores pasaron cerca del boufett y los hinchas los insultaban y le escupían en la cara. Pero estos muchachos aguantaron todo y demostraron ser unos leones en la cancha”, ponderaron los técnicos.

Ser locales en una cancha con césped sintético fue una ventaja.

Pero también contar con un equipo rendidor que cosechó 60 puntos en 30 partidos, con 17 triunfos, nueve empates y cuatro derrotas. Convirtió 51 goles y concedió 26. Javier Villarreal, el delantero por afuera, fue el goleador del Tricolor, aprovechando las pelotas que le bajaba el “9”, Rodrigo Díaz.