El hombre tiene protección policial por las amenazas recibidas luego de ratificar su declaración la semana pasada. "Lo se porque iba creciendo el tamaño de los sobres que entregaba", dijo.


Miguel Vera es uno de los tantos imputados por la causa conocida en Córdoba como CBI, la desaparecida financiera local que desató un escándalo tras la muerte (aún no esclarecida y por la cual hay un expediente abierto) de uno de sus socios, Jorge Suau.

En la primera declaración que realizó ante la Justicia Federal a poco de ocurrido este hecho, reveló una serie de manejos de dinero y cheques que tiempo después terminaron vinculados nada más y nada menos que con la causa de los Cuadernos de las Coimas.

La semana pasada, no sólo ratificó sus dichos sino que además los amplió y por todo lo ocurrido hasta ahora con sus declaraciones ingresó desde 2016 en “la figura del arrepentido”.

Este martes, el diario La Nación publicó una entrevista con esta persona, que cuenta con protección policial por una serie de amenazas recibidas contra él y su familia como consecuencia de lo que dijo en Tribunales. 

Según dijo a ese medio, las empresas fantasma creadas a instancias de dos financistas porteños “pasaron cheques de retorno de la obra pública” nacional.

Y agregó que los pagos son “muchos más” que los que figuran en los listados que tiene la Justicia. “Lo sé por cómo iba creciendo el tamaño de los sobres que yo entregaba”, dijo en referencia a las comisiones. 

“¿Qué sabía yo de Centeno cuando declaré? Ni se hablaba de los cuadernos. Cuando me enteré por la prensa no me sorprendió para nada. ¿Sabés los ‘Centenos’ que hay? En Córdoba hay más. No sé qué esperan para investigarlos”, le dijo Vera.

“Tiene que haber más cheques, muchos más, de Vialidad Nacional, de la ex-Oncca, del Senasa”. 

Vera insistió en que no conocía a la financiera CBI, pero sí había escuchado el nombre de Jorge Suau, su director ya que lo mencionaba Fernando Boldú, entonces intendente kirchnerista de Laguna Larga y ahora legislador electo.

Según el relato de Vera, Boldú se llevaba 0,3% del negocio y Suau, el 0,4%. “Yo les buscaba los sobres y veía cómo eran cada vez más gordos. Suau, además de CBI, jugaba la propia. Las cuentas eran claras: había para Córdoba y para los porteños”.

La decisión de abrir las cuentas en la sede Banco Nación de Plaza San Martín fue porque “Fernando Salvi, que estaba en Nación Factory, habló con el gerente”, agrega.

El arrepentido señala que cuando el escándalo de la financiera estalló, Castro lo llamó y le contó que Grant le pidió que “quemara todo” en las oficinas. “No querían dejar huellas”, remarcó.

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