Héctor Valei tenía 69 años y marcó el periodismo de Comodoro. Más allá de las semblanzas como profesional, era por sobre todo "un buen tipo".


Héctor Marcelo Leiva. Valei. Así lo conocíamos todos: Valei. El nombre artístico que se imponía en las épocas de aquella LU4 que mandaba en el aire patagónico. Allí, en el mismo edificio de la calle Rivadavia y Moreno donde hoy funciona, se escuhaba la voz de un joven Héctor Marcelo Valei. Voz y figura con el paso del tiempo en Comodoro Rivadavia. Uno de los hacedores del periodismo local.

Un día sonó el teléfono. La voz del otro lado: “Hola Amigorena, te habla Valei”. Me llamaba para invitarme a estar junto a él en Blanco y Negro, el clásico de Radio del Mar que arranca a las 6.10 de la mañana. Lo había estado reemplazando por unos meses debido a que tenía unos problemas de salud que lo obligaban a estar fuera de aire. Así arrancamos hace casi 4 años.

“Decime Valei al aire”, me dijo el primer día. No era Héctor, ni Marcelo. Era Valei y nos tratábamos de Ud. Era de la vieja guardia sin dudas. De aquellos que si bien andan con un celular de los nuevos y notebook, no perdía la costumbre del archivo de papel. Por eso, cuando tocábamos un tema de esos que ya forman parte de la historia de Comodoro por los reiterados anuncios pero con cero concreción, él recurría al recorte de diario que tenía en una carpetita. Y así aparecían recortes de Crónica -donde supo escribir también- o de El Patagónico de los años 70 anunciando la famosa destilería que nunca es; o de los 80 con el Corredor Bioceánico que ya parece una utopía. Los anuncios con nombres y apellidos. “Si hubieran hecho una destilería por cada anuncio ya tendríamos como 20” decía.

Y los consejos. Permanentes. Y no hablaba de una persona que se creía superior y que sabía más -a pesar de que sabía más-, hablaba de su capacidad de compartir. Como me dejó compartir el aire radial de las mañanas. No hubo que pagar derecho a piso.Me trató como un igual, respetaba los comentarios, daba los espacios y escuchaba. Y metía ese bocadillo picante, filoso.

Hoy, como todas las mañanas arranqué el programa con la frase de todos los días “Muy buenos días, esto es Blanco y Negro, el programa de Héctor Marcelo Valei”. Y sonó la cortina clásica que siempre, hace más de 20 años, lo identifica. Al mediodia llegó la noticia. Y hubo silencio de radio. Silencio que rompieron los oyentes con sus expresiones de afecto a uno de los periodistas más reconocidos de la ciudad. El resto, los que estábamos en estudio, casi no podíamos hablar.

Es enorme la tristeza. No se trata solo de un colega. Se trata de una institución en definitiva.  De alguien que supo transitar por el periodismo y cuyo trabajo es reconocido. La cortina de Blanco y Negro volvió a sonar al mediodía, a modo de falsa despedida, porque siempre va a estar. Por eso, a pesar de que era fanático de “Boquita”, me parece que la frase del Diego es adecuada, porque allá arriba, donde se merece estar, ganaron una voz para el relato. Así que estoy seguro que cuando le abrieron la puerta del cielo le dijeron: “Pase Maestro, lo estábamos esperando”. Hasta siempre Valei. 

Marcelo Valey





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