La administración de volúmenes crecientes de agua implica una pérdida de eficiencia global que está ligada tanto a las cantidades suministradas como a la dificultad de aprovechamiento de las lluvias durante la temporada de riego, con el resultado de un aumento de la fracción no útil del agua distribuida.

La correcta planificación del riego se basa principalmente en el cálculo del volumen de riego y en la identificación oportuna del momento en el que intervenir con el riego. Para ello, el conocimiento de:

  • consumo de riego de cultivos
  • características hidrológicas del suelo
  • método de riego que se adoptará
Riego por zona - REUTERS - Mike Blake

Para determinar el consumo de agua (volúmenes) de los cultivos, se debe considerar todo el sistema suelo-planta-atmósfera que conduce a la determinación de la evapotranspiración.

Para maximizar la efectividad de la intervención de riego en términos de producción, es necesario identificar, según la especie y la fase fenológica, un punto límite de humedad del suelo, superior al punto de marchitamiento, por debajo del cual no es aconsejable descender.

Este límite se define como límite de intervención de riego, y suele expresarse como porcentaje del agua máxima disponible y está fuertemente ligado al tipo de cultivo según el cual puede asumir valores muy diferentes.

Lo anterior se puede resumir en el balance hídrico, que considera los volúmenes de agua entrante, saliente y almacenada en un determinado volumen de suelo y en un período de tiempo definido y se obtiene mediante la siguiente ecuación:

formula Riego

P = lluvia; I = riego; A f = tono; R = escorrentía; D = percolación / drenaje; E = evaporación del suelo; T = transpiración; ± △ W = variación del contenido de agua del suelo.

Esta información es útil tanto para calibrar estrategias de cultivo dirigidas a minimizar pérdidas y optimizar el uso de los recursos hídricos, como para gestionar la planificación del riego.

A los efectos de la recopilación diaria del balance hídrico, se requiere el conocimiento de la ET diaria y la reserva de agua utilizable del suelo, así como los suministros y pérdidas naturales de agua. Actualmente se están difundiendo modelos capaces de procesar datos meteorológicos y datos relacionados con las características del suelo con el fin de proporcionar indicaciones precisas sobre cuándo y cuánto regar.