Por la quinta "La Juanita", en Temperley, pasó parte de las figuras políticas, científicas y culturales de los últimos cien años.


Un viejo roble cuida la residencia La Juanita, en Temperley, y es testigo mudo de muchas decisiones que se tomaron en la historia desde 1865 hasta el presente. Es que allí se reunieron alguna vez Hipólito Yrigoyen o Arturo Illia y personalidades notables de la literatura y las ciencias.

En 1860, Txomin Ithurrat y Marianne Etchepare, un matrimonio vasco francés, arribaron a la Argentina y cinco años después se establecieron en la zona de Santa Catalina, sobre la actual Avenida Garibaldi. El roble que hoy se conserva también vino con ellos, ya que lo trajo Ithurrat dese Macaye, su pueblo cercano a Bayona, en el País Vasco.

La historia de La Juanita, en Temperley. La casa que habita una misma familia por 155 años

Txomin y Marianne tuvieron cuatro hijos: Juana en 1868, Juan en 19872, Maria en 1874 y Julia en 1877. “La Juanita, el nombre de la quinta, se debe a como llamaron a su primera hija. Hasta hoy el lugar se sigue llamando así y es conocido por mucha gente”, cuenta en una entrevista de diario “Clarín” Guillermo Wazzani, dueño actual de la propiedad por la cual, con la suya, ya pasaron seis generaciones.

La historia de La Juanita, en Temperley. La casa que habita una misma familia por 155 años

Guillermo vive con su esposa y sus dos hijas y es quien mantiene la propiedad y atesora los recuerdos. Cuenta que la casa siempre fue una referencia de la zona, y que en algún momento perteneció a un militar que acompaño a Julio Roca en la segunda campaña al desierto.

“Juana Ithurrat Etchepare se casó con Teófilo Fernández Martínez, oriundo de Calamuchita, Córdoba. Fernández Martínez era coronel del Ejército y acompañó al general Julio Roca en la segunda campaña al desierto (1875-1885)” , detalla Guillermo. “él lo designaron para establecer un cuartel en Santa Catalina, en lo que actualmente es el Instituto Fitotécnico de la Universidad de Lomas de Zamora”.

La historia de La Juanita, en Temperley. La casa que habita una misma familia por 155 años

Juanita y Teófilo se casaron en 1886 y tuvieron cinco hijos: María, Edilberto, Dora, Julia y Martín. Los dos Fernández Ithurrat varones, Edilberto y Martín, fueron médicos, investigadores e infectólogos.

Mi abuelo y su hermano tenían a cargo cátedras en la UBA, en la Universidad de La Plata y juntos dirigieron uno de los laboratorios de análisis clínicos mas prestigioso de las primeras décadas del siglo pasado”, refiere Wazzani.

Ya por la década del 30 el sitio se convirtió en un lugar relevante. “Hacían numerosas reuniones en casa”, agrega Wazzani. Recuerda visitas como Benito Quinquela Martín y Alfonsina Storni. Y, dentro de la política, a Yrigoyen e Illia.

Con ellos compartía su pasión radical -destaca-. Mi abuelo integró la Unión Cívica Radical del Pueblo y llegó a ocupar cargo de presidente del consejo escolar de Lomas de Zamora entre 1963 y 1966″.

Del laboratorio médico y el radicalismo proviene la reliquia más interesante y curiosa que guarda la casa: un pequeño frasco como los de las antiguas boticas. En la etiqueta, en letra impresa el nombre del laboratorio y la dirección, “Cangallo 1546”. Y escrita a mano, la indicación del contenido: “Muela de Hipólito Yrigoyen”. Es de 1932.

“El ex presidente en ese momento estaba detenido en la isla Martin Garcia. Sufría un fuerte dolor y le pidió a mi abuelo que fuera a curarlo y analizar una infección importante que tenía en una de sus muelas”, cuenta Wazzani.

Solo tengo el frasquito“, dice el nieto de quien la extrajo y analizó. Y piensa que en algún momento la pieza fue eliminada por cuestiones de bioseguridad, por tratarse de un residuo patológico.

Lamentablemente se fue reduciendo con el tiempo con ventas sucesivas de lotes y la superficie actual es de solo 44 metros por 76″, dice Guillermo. “Siempre perteneció a mi familia y aunque muchos de los integrantes fueron yéndose, siempre hubo alguien que continuo con la tradición -afirma Guillermo-. Hoy me toca a mí”.

Desde 1995, Guillermo vive en la quinta con su esposa Patricia O’Connor y sus hijas Sofía y Erin. Y luego no se sabe quién continuará la tradición familiar, de nada menos que 155 años de La Juanita.


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