“Robar comida es entendible porque estamos en un momento muy difícil, pero robarse una planta ya es un daño, porque no sirve como necesidad básica. Estamos cansados de que nos roben, no por lo material, sino por todo lo que nos esmeramos en preparar todo para que la gente venga y disfrute de un ambiente cálido. Varias personas que estaban en casos de no poder comprar nos pedían hasta canjear plantas como forma de pago, pero ahora lo hacen por adrenalina y maldad sin importar todo lo que trabajamos, si conocen o están con alguien que quieran robar digan NO, es tan feo quedar mal por una planta tan barata”, afirma Daniel, el dueño del vivero que lleva su nombre y está ubicado en el Parque Industrial.

El año pasado, el negocio que lleva 24 años en la ciudad decidió prohibir el ingreso con bolsos y carteras, cansados de los robos. Sin embargo, la medida no alcanzó. “Este año, terminando la temporada, y ya viniendo poca gente, entraban dos o tres mujeres con carteras y accedíamos a que pasen por necesidad de venta. Hace unos días preparamos todos los plantines de flor de invierno para la próxima temporada. Y hoy nos encontramos nuevamente con macetas vacías a causa de robarse plantines, cactus, bulbos que tienen un valor de entre $30 y $500”, cuenta Daniel en diálogo con Vía Azul.

“Prohibimos los bolsos, y entró una pareja respetando la norma, la mujer pasa al sector de cactus y suculentas y el marido se quedó vigilando en la puerta del invernadero y dicha persona cortando gajos de suculentas confiada de que su esposo la estaba cubriendo. Una abuela nos pide ayuda con unas flores cerca de ahí y pudimos ver el acto que estaba cometiendo. El marido avergonzado la dejó sola metiéndose al auto y cuando la gente se acercó a ver porque regañábamos a una mujer, esta negaba lo acaba de hacer, hasta que levantamos los gajos que había tirado al suelo y salió caminando rápido yéndose del establecimiento. Nunca más volvió”, cuenta el hombre resignado.

Plantines robados en el Vivero DanielWeb

“Otra secuencia fue un profesor de historia, quien concurría constantemente a nuestro lugar hasta que una mañana cargo en una bolsa varios plantines de flor que tapaba con su maletín, una vez ya cerca de su auto que se encontraba dentro de nuestro local los cargo en su baúl tapándolos debajo de dicho bolso. Lamentablemente, no vio que nosotros estábamos detrás de él atendiendo a un hombre y vimos cómo el señor hacia su maldad; volvió a elegir otros plantines y pidió la cuenta, hicimos la suma y le preguntamos si las flores ya cargados la sumábamos o los pagaba aparte, negó también su acto hasta que le hicimos abrir el auto, avergonzado pidió que se las cobremos”, relata Daniel, que tiene varias anécdotas de este tipo.

“Muchos se enojan por nuestra norma respondiéndonos sarcásticamente o agresivamente insinuando que no entra un árbol en su cartera, pero nosotros ya estamos agotados de pasar por estos momentos innecesarios, hay gente que respeta y se apena igual que nosotros y otras que no les importa”, se lamenta el dueño del vivero.