Desde hace dos semanas, un grupo de 40 personas se turna diariamente para realizar controles en el acceso a la localidad azuleña con el fin de "cuidar a los de adentro y a los de afuera".


Arrancan a las ocho de la mañana y terminan a las ocho de la noche. Organizados en turnos de cuatro horas, y a pesar del frío y el clima adverso, cuarenta voluntarios de Chillar se propusieron “cuidar al pueblo” en medio del brote COVID-19 que registra hasta ahora 22 casos positivos. Convocados por el delegado municipal, los vecinos de esta localidad azuleña se pusieron la camiseta y salieron a bancar a su comunidad en una situación difícil.

“Empezamos el 21 de junio cuando dieron los primeros casos positivos en nuestra comunidad. Los contagios nos fortalecieron como grupo, como red de voluntarios, porque se sumó más gente. Nos hizo más fuertes en el sentido de que había gente en nuestra comunidad que había contraído el virus, pero igual íbamos a estar en la entrada de nuestro pueblo para cuidar al pueblo y para que no entrara gente de otros lugares que pudiera contagiarse. Nos dimos cuenta que no solamente estábamos cuidando a los nuestros, sino que empezamos a cuidar a los de afuera diciéndoles los protocolos de seguridad que tenían que tener, pidiéndoles que usaran barbijos, que se cuiden”, relata orgullosa y entusiasmada por la tarea que realiza, Gisela Hiriart, entrevistada por Vïa Azul. 

Los llamados “voluntarios de la ruta” están muy organizados. Junto a la policía y los bomberos son los encargados de hacer controles en la ex Avenida Alsina, el único acceso habilitado para ingresar a Chillar. Van de a dos y realizan turnos de cuatro horas.

“Cada uno va cada dos o tres días porque somos un montón y al ser tantos no implicar ir todos los días. Cuando alguien no puede ir, enseguida en el grupo saltan diez que dicen ´voy yo´. Es un trabajo muy bueno el que se está haciendo”, agrega la profesora de educación física.

La tarea que desempeñan es sencilla, pero muy importante: anotan en una planilla a las personas que ingresan de otras ciudades, les hacen llenar una planilla especial a los viajantes y trabajadores esenciales y se le toma la temperatura a todos. “Toda persona que tiene permiso de circulación ingresa a la ciudad de Chillar, mientras tenga el permiso. Les pedimos que ingresen a hacer lo que tengan hacer y se retiren”, explica Gisela.

“La gente responde muy bien, esta muy satisfecha y es muy amable. Hemos recibido muchas donaciones de gente del pueblo y nos acompañan con utensilios de higiene, recibimos una donación de miel de varios frascos para todos los voluntarios y una parte la donamos al Hospital. Nos dieron una pava eléctrica también. La gente creemos que está muy satisfecha, responde muy bien”, aporta Luján Zambruno, otra de las personas clave para el funcionamiento de los controles voluntarios.

Para fortuna de estos vecinos solidarios, mucha gente decide agradecerle con café, té, sanguchitos o facturas. En pleno invierno, y con temperaturas heladas, es un cariño al alma para quienes expresan su vocación comunitaria cuidando a su pueblo.

“Le ponemos re buena onda a la situación, mucha energía. Les decimos a todos que estamos bien porque el foco está cerrado, el círculo está cerrado. La gente que está aislada sabe que tiene que quedarse adentro desde el día uno”, afirma Hiriart.

El arco desinfectador colocado en el ingreso a Chillar.

Además de controlar los accesos, Joaquín Chasarreta y Federico Morey diseñaron un arco de fumigación para desinfectar a todos los vehículos que entran al pueblo, ya sea que vengan del campo, de la estación de servicio, o de otras ciudades.

“Somos un grupo de trabajo, pero hoy podemos decir que somos un equipo que trabaja unido, nos ponemos de acuerdo y tenemos un objetivo en común que es cuidarnos y cuidar a los demás. Cuidarnos entre nosotros, los que estamos dentro del pueblo y cuidar a los que vienen desde afuera. Somos una comunidad pequeña, estamos todos revolucionados, pero nos seguimos apoyando y defendiendo”, dice orgullosa Gisela.

La docente reconoce que la llegada del virus fue un gran shock para Chillar: “Más allá de que siempre decís esto va a llegar, a nosotros nos parece que vivimos en una burbuja y creíamos que íbamos a zafar, pero bueno sucedió. Nosotros no buscamos ni culpables, ni pacientes cero. Hoy por hoy nos preocupamos para acompañar a las familias afectadas, acompañarlos mientras transitan la enfermedad”.

Si bien el grupo de voluntarios surgió como una respuesta a un gran problema, el desafío es que se mantenga en el tiempo: “El agradecimiento al trabajo que está realizando el Hospital de Chillar, Dr. Machado, a la bioquímica Carolina Dachile, a las enfermeras, ambulancieros. Ese es nuestro agradecimiento hacia ellos y a la comunidad que tienen para nosotros el mayor de los respetos, no hemos tenido inconvenientes con nadie y siempre nos agradecen el trabajo que estamos haciendo. Siempre seguimos abiertos a que se sumen nuevas personas y queremos seguir manteniendo esto y seguir siendo voluntarios para cualquier eventualidad que tenga nuestra comunidad. Para esta mala y triste, pero para alguna buena que nos va a tocar”, concluye Gisela.

No dejes de leer cómo es el trabajo del equipo de voluntarios que recorre todas las casas de Chillar para encuestar a los vecinos y buscar posibles casos positivos de COVID-19.




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