"Fantastic Negrito" era un vendedor de clarck y ladrón de poca monta, pero ahora es uno de los músicos más reconocidos del mundo. 


A mediados de los 80, cuando era un adolescente, Xavier Dphrepaulezz se dedicaba a las actividades delictivas. Por un lado, vendía crack, aunque ese mundo era demasiado “pesado” para él. “Una vez, le compramos armas a una pandilla y después vinieron a reclamarlas, junto con el resto del dinero. Me pegué tal susto que al día siguiente estaba fuera de todo eso”. También solía hacerse pasar por estudiante de música, meterse a la casa de otros estudiantes como amigo,  copiar las llaves y luego desvalijarlos. No se enorgullece de ese pasado.

De lo que sí se enorgullece “Fantastic Negrito”, como se hace llamar, es del vuelco que logró darle a su vida, y de los dos Grammys que tiene en su haber. Porque sus dos últimos discos, The Last Days of Oakland y Please Don’t Be Dead, recibieron un Grammy cada uno.

Además de arreglárselas para salir del mundo delictivo, Dphrepaulezz tuvo que sobrevivir a un grave accidente de autos que lo afectó tanto que tuvo que aprender a tocar la guitarra otra vez. “Aunque no sé si alguna vez aprendí a tocar la guitarra“, responde, en entrevista con La Nación.

Al ser entrevistado, también se esfuerza en aclarar que nunca consumió drogas: solo las vendía. Cuando le preguntan sobre su pasado, dice que lo volcó en su arte. Varias de sus canciones están inspiradas en esas épocas oscuras que le tocó vivir. 

Actualmente, Fantastic Negrito es uno de los músicos más renovadores del blues contemporáneo, aunque su propuesta excede al blues, porque mezcla funk, rock, boogie, punk, góspel, hip hop y rhythm & blues, con influencias que van desde los padres de la pentatónica, como Robert Johnson, Skip James, R.L. Burnside y Chuck Berry, hasta Parliament Funkadelic, David Bowie y Nina Simone. La entrevista completa puede leerse acá.






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