Falleció el periodista y escritor Alfredo Serra. Familiares y allegados de una de las grandes figuras del periodismo nacional murió a los 81 años en el Sanatorio de la Trinidad.

Quien era más conocido como “El Pingüino" dejó una huella imborrable a través de su extensa carrera como profesional que tuvo recordados reportajes a figuras emblemáticas de la historia.

Alfredo Serra (web)

Es que Serra fue uno de los escritores que participó en la investigación de crímenes de guerra, realizó una cobertura de la guerra de Vietnam y entrevistó al criminal nazi Klaus Altmann-Barbie. También fue el primer periodista en llegar al avión de los rugbiers uruguayos en plena Cordillera de los Andes después del rescate.

"Mi oficio implicó varias vueltas al mundo. Algunas, en exóticas latitudes", confesó Serra en su libro autobiográfico.

Alfredo Serra (web)

"Todos nacimos en un barrio", decía Alfredo al recordar su niñez. Nació un 29 de mayo de 1939 en Núñez, en "un hogar humilde" decía Serra, que le restaba importancia a la hora de hacer referencia a su lugar de nacimiento.

Su camino como profesional lo inició en el diario Crítica, para luego seguir su camino por Crónica, Gente y su última parada: Infobae. A pesar de tener múltiples ofertas de radio y televisión, Serra decidió seguir en el lugar que amaba: el periodismo gráfico.

"Todo vive y muere pronto entre las paredes de una redacción", dijo el talentoso periodista. En la editorial Planeta fue en donde dio origen a "El solitario no baila la rumba", uno de sus célebres libros.

Alfredo Serra también se destacó como profesor. Durante 20 años estuvo a cargo de la materia Redacción periodística, en la Universidad Católica Argentina. "Para ser periodista primero hay que saber escribir", solían ser las palabras que tenía cuando oía que sus alumnos decían que estaban allí porque "querían salir en la tele".

También ganó muchos premios, aunque un momento que siempre recordaba era “las ácidas palabras" de Conrado Nalé Roxlo, célebre periodista y poeta.

"Un día, sin conocerlo, en la biblioteca de Argentores le pedí un cigarrillo. Respuesta: ‘¡Cómo no, mi amigo! En este país, un cigarrillo y una faja de honor de la SADE no se le niegan a nadie’", decía Serra.