En un mundo sacudido por la mayor pandemia de la historia reciente, este Viernes Santo se desarrolla en un marco inédito. Millones de personas conmemoran la crucifixión de Jesús -una de las fechas más representativas y profundas del cristianismo- con iglesias cerradas y familias distanciadas.

El Santuario del Santo Sepulcro -ubicado en Jerusalén- que suele estar colmado de personas de fe, hoy se encuentra vacío. Lo mismo ocurre a lo largo de la llamada "Vía Dolorosa", por la cual anualmente caminan miles de peregrinos.

De hecho, todas las tiendas ubicadas en Tierra Santa estan cerradas, en un intento de las autoridades de evitar la propagación del coronavirus.

En Roma, se repite un escenario similar. El vía crucis alumbrado con antorchas en el Coliseo fue cancelado, al igual que todos los eventos públicos de Italia, uno de los epicentros de la enfermedad.

Las actividades litúrgicas del Papa Francisco se vieron restringidas. En vez de presidir esta procesión, el Pontífice dirigió una ceremonia sin público en la plaza San Pedro. Tampoco se realizó el lavado de pies a reclusos de una prisión, como estaba previsto.

"Aunque no puedan unirse a su parroquia para Semana Santa y Pascua de este año, debido a la pandemia del Covid-19, vengan al corazón de la Iglesia para unirse al Santo Padre mientras nos guía a través del fin de la Cuaresma hacia la Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo", tuiteó la cuenta oficial del Vaticano.

La primera reunión eclesiástica del Viernes Santo comenzó pasadas las 13 horas de Argentina. La segunda, continuará a las 16 y puede seguirse a través de la cuenta oficial de YouTube de la Santa Sede.