El cantante Fernando Bladys llega el domingo 7 de marzo a Miramar de Ansenuza para brindar un show al publico con protocolos en el comedor Don Prego, la actuación del artista interprete y compositor de clásicos de la música popular cordobesa no será una más, ya que coronará el sueño de toda una familia local que en época de pandemia se animó a jugarse para desarrollar su negocio.

No es casual que sea justamente Bladys el encargado de consolidar el logro, ya que además su presentación fue una meta a cumplir casi como un desafío, desde el mismo inicio del emprendimiento. Un artista que se identifica con la frase “venir de abajo”.

“Tenia 15 años. Un día me pelie con mi padre y me fui a la calle, terminé en Buenos Aires en la plaza Italia, viví en esa plaza hasta que me llevaron a un hotel. Trabaje y un día me encuentro a un tipo, me llevaron a cantar y con la poca plata que logre volví a Córdoba”, comentó a Vía Ansenuza sobre sus duros comienzos viviendo en la calle.

Sobre su arribo el fin de semana en este particular lugar, Bladys destacó: “Cumplir sueños tiene que dejar de ser una telenovela, nada se logra en la vida sin esfuerzo, sin dolor, sin lágrimas, sin transpiración, aprendí en mi vida que lo único que se consigue bueno es con esfuerzo. Yo admiro a gente así”.

El sueño de la familia que pudo más que los obstáculos

Don Prego no nació por casualidad, es el fruto del sueño de una familia que hacía varios años quería desarrollar un emprendimiento gastronómico en Miramar de Ansenuza, no solo como una apuesta económica, también sumando al desarrollo local dando un salto de calidad en un rubro demandado por los turistas.

La jugada no fue fácil ya que, cuando todo estaba listo para dar el paso, llega una crisis que trajo mas dudas que certezas, pero la fuerza y la esperanza valió más que las dudas para concretar lo que hoy es una hermosa realidad.

Catriel Correa, su esposa Florencia y su hermano Nahuel, son los grandes protagonistas de esta historia. “Consulté con la familia, con mi mujer que siempre me acompaña, en todo momento me apoyaron, todo va a salir bien y lo que un día soñé se hizo realidad. Gracias a Dios, a los amigos que me dieron una mano muy grande, al pueblo que me acompaña y se agradece mucho”, contó Catriel sobre los inicios del emprendimiento.

“Tuve un padre y una madre ejemplar, siempre me inculcaron que el trabajo identifica y que si uno se levanta y sale a trabajar las cosas no pueden salir mal, eso me quedo grabado siempre. Los sueños están para cumplirse”, sentenció destacando los valores familiares que sirvieron de pilares para animarse a emprender.

Florencia, Catriel, Gustavo y Nahuel, un ejemplo de tantos emprendedores que lucha con esperanza. foto: Vía Ansenuza

“Tenemos que tener un comedor”

Los integrantes de la familia Correa no pasan desapercibidos dentro del rubro gastronómico, durante años desempeñaron trabajos en distintos establecimientos de Miramar, fundamentalmente abocados a la atención del público.

“Como familia siempre trabajamos en muchos lugares siempre relacionados al rubro, se presento esta posibilidad y siempre con mi hermano hablamos de las cosas que se pueden hacer en el pueblo, surgió esta idea y lo hablamos en familia y arrancamos. Somos bastante impulsivos y mientras sea trabajo no vemos obstáculos. Lo vimos con una mirada positiva”, concluyó Nahuel Correa.