Adrián vive en Miramar de Ansenuza, tiene trece años y ayuda a su familia vendiendo pan.


“A menudo en los más oscuros cielos es donde vemos las más brillantes estrellas”, citó el gran historiador y profesor Richard Evans. La historia de Adrián Magliano, un niño de trece años que tiene mucho que ver con esa frase, porque ante esta situación tan difícil que estamos pasando, él es una estrella tan brillante, que ilumina el pueblo de Miramar de Ansenuza.

Sentado frente al horno esperando que se cocinarán los panes, Adrián empezó a contarnos su historia de vendedor de pan casero, para ayudar a su familia: “Esto comenzó el verano pasado, cuando quería comprarme una bici, le pregunté a mi mamá como hacer y me dijo que podía vender ensalada de frutas y así me la compre“, dijo contento.

Adrian y el pan recien salido del horno

Para Paola Magliano, mamá de Adrián, la falta de continuidad en su trabajo por la pandemia y la necesidad de sostener la economía familiar fueron el motivo para proponer la venta de pan casero: “Era ver que hacíamos para llegar a fin de mes, pagar el alquiler, no nos queríamos atrasar, así que le pregunte a Adrián si quería vender y aceptó. Para nosotros es una gran ayuda”, remarcó.

Lo que más disfruta Adrián, es hablar con la gente: “Con los clientes me ponga a charlar, me preguntan cómo me está yendo, que es lo que estuve haciendo y eso”, comentó.

Adrian y su mamá

La venta callejera no es para cualquiera, requiere de una cierta valentía que rompa esa incomodidad de temer a las reacciones de la gente, Adrián resumió la cuestión:” Al principio me daba vergüenza, después recapacité, porque me voy a avergonzar, si estoy haciendo algo honesto”, afirmó.

desde su experiencia reconoció que es más fácil venderle pan a la gente en la calle que ir a golpear puertas casa por casa.

Cuando de futuro se trata, Adrián tiene claro un objetivo: ” Vender es una experiencia para mí, yo no quiero ser vendedor, estoy estudiando y quiero seguir estudiando para hacer otra cosa, pero yo sé que, si en algún momento necesito hacer algo, puedo contar con esto, se hacer y vender pan”.

Siempre que sale a vender, la mamá le da la bendición con un beso.

Adrián se define entre otras cosas, como valiente y sin ninguna duda lo es. Fue víctima de bullying: ” había chicos que se burlaban de mí, porque yo no podía hacer o tener ciertas cosas, mientras ellos se burlaban, yo trabajé y me compré la bici. Es mucho más lindo comprarse algo con tu plata, que con la plata que te dió alguien más” dijo.

La familia de Adrian

Toda la familia lucha día a día, con honestidad y trabajo, que se ve reflejado en el protagonista de esta historia, reconocido por todos los habitantes de Miramar de Ansenuza… Adrian el chico del pan.




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